24 Septiembre, 2017

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Día Internacional de la Mujer: Nada para festejar

Día Internacional de la Mujer: Nada para festejar

Por Majo López |

El 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer, una fecha establecida por las Naciones Unidas en 1975 que, lejos de los festejos, recuerda la lucha de las mujeres en todo el mundo por la igualdad de derechos sociales, civiles y laborales entre el hombre y la mujer.

Tiene su origen en el movimiento internacional de mujeres socialistas de finales del siglo XIX, en plena revolución industrial; y en la marcha a Versalles de las mujeres parisinas para exigir el sufragio femenino en el marco de la Revolución francesa.

El día, sin embargo, fue establecido en memoria de las 140 trabajadoras que murieron en el incendio de la fábrica textil Triangle Shirtwaist de Nueva York en 1911; y de la protesta por falta de alimentos iniciado por las mujeres rusas el 8 de marzo de 1917, que desembocaría en el proceso revolucionario de octubre de ese año.

A pesar de los avances en materia de derechos, legislación laboral y reconocimiento social, hoy esa lucha se hace más imprescindible que nunca.

Sólo en las últimas semanas fuimos testigos de distintos hechos que demuestran que ser mujer es, de por si, un factor de riesgo vital. Una amenaza que puede estar escondida en el sueño de conocer el mundo o en la propia casa. Que puede encontrarse en las manos de un absoluto desconocido o de aquel a quien alguna vez se amó. Puede estar en cualquier lugar y en cualquier momento. Agazapada a la espera de una nueva víctima.

Marina, María José, Mariela y Cintia

Marina Menegazzo y María José Coni eran amigas. Junto a otras dos amigas habían organizado lo que, según sus familiares era “el viaje de sus vidas”. El 10 de enero partieron desde Mendoza con la idea de recorrer durante un mes y medio Perú y Ecuador. En el medio, dos de las chicas regresaron; pero a pocos días de emprender la vuelta, Marina y María José fueron brutalmente asesinadas en la playa ecuatoriana de Montañita.

Sus familias se encuentran en aquel país intentando saber cómo, dónde, por qué, y quiénes las mataron, con el fuerte indicio de que fueron víctimas de trata de personas.

Mariela Leites Da Silva, tenía 34 años y era azafata de la empresa Buquebús. Falleció al caer al vacío por el balcón del cuarto piso de un hotel en la zona porteña de Tribunales el 28 de abril de 2014. Ayer comenzó el juicio a su marido, Eduardo Adrián Casaballe Colacho, quien está acusado de haberla arrojado.

Casaballe aseguró en la apertura de las audiencias que su mujer se tiró al vacío luego de llegar del trabajo antes de tiempo y que él no la mató.

Cintia Verónica Laudonio se había separado de Christian Gustavo Hallu, padre de uno de sus tres hijos. Lo había denunciado en tres oportunidades por violencia de género y tenía, incluso, una orden de restricción en su contra.

Nada de eso impidió que Hallu la asesinara de 17 puñaladas delante de sus hijos de 10, 8 y 5 años en su vivienda de Castelar.

“La acosaba, la llamaba, la amenazaba de forma permanente”, declaró Graciela, ex suegra y abuela de las dos nenas mayores. “Era agobiante, hasta a mí me llamaba 77 veces por día. A ella, a mí, se hacía pasar por otra persona, vino incluso a mi casa, a la de mi familia, quería saber dónde vivía yo con mi actual pareja. Es un psicópata fuera de serie”, expresó Darío, padre de las dos hijas mayores de la víctima.

Christian Hallu fue capturado en Mar de Ajó por la policía de Santa Teresita horas después de fugarse. Enfrenta cargos por “femicidio/homicidio agravado”.

Las políticas de género, una cuestión de Estado

En 2009 y por amplia mayoría, el Congreso Nacional aprobó la Ley de Protección Integral de las Mujeres, Ley Nº 26.485, un paso importante en la lucha contra la violencia machista.
En noviembre de 2012 el Congreso incorporó la figura de femicidio como un agravante para la pena de homicidio de una mujer o persona trans cuando esté motivado por su condición de género.

A pesar de que también existen en distintos lugares del país líneas telefónicas y oficinas especializadas para orientar y asistir a las víctimas que sufren violencia machista, estas medidas no son de manera aislada suficientes para abordar una problemática compleja y transversal. Son necesarias políticas integrales, planificadas, específicas y sostenidas en el tiempo.

Morón: Ayer pioneros, hoy en jaque

En el conurbano bonaerense el Municipio de Morón fue pionero en la implementación de políticas de género a fines de la década del ’90. La ampliación de las licencias por maternidad (7 meses) y paternidad (1 mes) para que la llegada de un hijo a la familia sea una responsabilidad compartida; la reglamentación de una normativa para actuar en caso de acoso laboral en el ámbito municipal, el Plan de Igualdad de Oportunidades entre varones y mujeres, y la sanción de una licencia especial para víctimas de violencia de género fueron algunas de las políticas que se impulsaron desde los gobiernos de Martín Sabbatella primero, y Lucas Ghi después.

Pero sin dudas fue el Centro Municipal para Mujeres en Situación de Violencia Conyugal “Vivir sin Violencia”, inaugurado en 2005, la punta de lanza de las políticas de género de Morón. El centro, un espacio gratuito de atención a víctimas de violencia por parte de sus parejas, ofrece asesoramiento legal y contención psicológica para que las mujeres puedan rehacer sus vidas. En sus 10 años ininterrumpidos de funcionamiento atendió un promedio de 1500 mujeres por año.

Lamentablemente, y en sintonía con las políticas de género (más bien su ausencia) sostenidas por el PRO, el actual intendente de Morón Ramiro Tagliaferro despidió recientemente a los equipos técnico profesionales que trabajaban en el Centro Vivir sin Violencia, demostrando una clara intencionalidad de desmantelar las políticas de género que durante 15 años caracterizaron a Morón.

Es fundamental que los gobiernos, tanto a nivel municipal, provincial y nacional, asuman la responsabilidad en la lucha contra la violencia de género. Es un compromiso que nos debe incluir a todos.

Marina, María José, Mariela y Cintia son una pequeña muestra de la violencia de género. Una violencia que fue necesario tipificar específicamente bajo el nombre de “femicidio” y que el año pasado se cobró 277 víctimas fatales.

Son el reflejo de una sociedad en donde las mujeres siguen (seguimos) siendo víctimas por el sólo hecho de haber nacido mujeres.

A poco de cumplirse el primer aniversario de la multitudinaria marcha Ni Una Menos el próximo 3 de junio, son la expresión más cabal de que la lucha sigue siendo tan necesaria como a principios del siglo pasado.

Si bien fueron muchos los avances en materia de reconocimiento de derechos, este 8 de marzo tiene mucho más por hacer que por festejar. Para que no haya más Marinas, María José, Marielas o Cintias. Para que no haya más familias llorando a sus hijas y hermanas, ni más chicos que se quedan sin mamá.

Para que no haya nunca más #NiUnaMenos.

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