20 Julio, 2018

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Destruyamos el juego, hasta que no quede nada

Destruyamos el juego, hasta que no quede nada

Por “El Rengo” Norberto |

La AFA; esos tipos con traje que nunca patearon ni una número 5; esos tipos que saben de transferencias, contratos, sponsors; esos “dirigentes” que nunca van a ser ídolos de ningún pibe; esos tipos han demostrado una vez más su enorme capacidad para destrozar todo.

El Tata Martino deja la selección cansado de todo. De esos dirigentes que le piden que vaya a ganar la copa América a un cuerpo técnico que hace siete meses no cobra; o que vaya y gane los Juegos Olímpicos cuando no puede reunir once jugadores para empezar los entrenamientos. Se va cansado de todos esos tipos que no puede garantizar la más mínima organización de nada y que solo se entienden entre ellos, fumando habanos y hablando de porcentajes y dividendos.

El Tata se va, y tiene razón. En el fútbol hay escuelas, hay nombres que dejan un rastro, una manera de hacer las cosas. En la vida del Tata hubo un Cubillas, un Indio Solari, un Yudica, y sobre todo un Bielsa.

Gente que ama el juego sobre todas las cosas e incluso con sus diferencias a la hora de diagramar estrategias y tácticas; pero gente que respira fútbol, que entiende ese juego maravilloso como un componente social capaz de borrar las diferencias; como medio para crear cosas.

La vida es caprichosa y más cuando se mezcla con el fútbol. El Tata volvió a su querido Newell’s en el año 96, a retirarse. En ese partido despedida en Parque Independencia, un pibe de 8 años hacía jueguitos en la mitad de la cancha en el entre tiempo. Si, era Lio Messi.

La maquinaria gigante que crearon esos tipos que comandan la AFA se quiso comer a Messi y no puede ni va a poder.

Messi va a volver a la selección, lo sé yo y lo sabemos todos. Ahora, dentro de un mes o después de un año, Messi va a volver. Porque aunque sospechamos que es un marciano, que vino de otro planeta, y que no es humano; si tiene un mínimo componente de humanidad tiene que estar deseando volver, ir a Rusia y cerrarles la boca a todos.

Pero el Tata no vuelve, a él si se lo come esa maquinaria de dientes afilados, ese monstruo creado con muchos pedazos de dirigentes, con pedazos de la prensa amarilla (que es la misma que condenó al Diego), con pedazos de multinacionales que te hacen ir a jugar un amistoso abajo del océano o arriba de un médano.

Esa máquina gigante capaz de crear una masa de gente pidiendo triunfos como sea, que dice que lo único que importa y lo único que quiere es ganar, y  mientras, espera a los derrotados con la servilleta al cuello y los cubiertos en la mano.

Un montón de ñatos que compraron el cuento de “los exitosos y los fracasados”, que tienen miedo de ver de qué bando quedaron ellos en sus propias vidas, y que por eso piensan que hay que destruir al otro.

Esa maquinaria también alimentada por aquellos que aseguran que llegar a una final y no ganarla es un fracaso. Claro que todos queremos ganar, porque ganar es extraordinario. Pero hay que entender que lo contrario no es fracaso, lo contrario es justamente, lo ordinario para todos.

Es grave, es triste, y es nocivo para el fútbol que esa máquina se coma a gente como el Tata. Y seguramente más tarde o más temprano también se termine comiendo a aquel que dice que “perder una final es un fracaso”.

El único fracaso es esa vorágine, esa ideología del triunfo como sea, de “ganadores y fracasados”, que arrasa con todo y que no va a dejar nada.

 

 

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