16 Diciembre, 2017

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El tesoro es una isla

El tesoro es una isla

Por Henríquez |

Encontrar un libro de poesía es como encontrar, en la niebla, un tesoro. No se trata sencillamente de algo incomprensible, o sin interés. No es aburrido. Encontrar este libro es el hallazgo de un terreno baldío, una tecnología secreta. Dentro del pueblo, la costumbre de una joya escondida y luego olvidada en el fondo de una bota. Hacia los campos, el estudio en la germinación del viento. Bajo la cama, la oscuridad abrazada a una botella.

Sin dudas, al libro de verdadera poesía hay que encontrarlo. Para existir, se alimenta de lectores intrépidos. Es preciso el rechazo de los nombres o las obras conocidas. Debe uno ensuciarse los dedos en lomos polvorientos, arriba de bueyes salvajes o de las estanterías del mundo. En las austeras bibliotecas públicas, donde nadie indaga. Debe uno apropiarse (y luego devolver gentilmente) del volumen abandonado en la mesa contigua del café, que se asoma cauteloso, escondido bajo un diario. Y ahora mismo investigar, dejando todo lo demás de lado, en la librería cuya vidriera ha orinado un perro, dejando una hermosa y clara y definitiva señal de que es el lugar donde continuar la búsqueda.

Un libro de poesía puede ser un personaje lejano y paciente. Una voz familiar, nunca oída. Un recuerdo personal que, curiosamente requiere nuestra lectura, para ser por primera vez inventado.

HEN

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