16 Diciembre, 2017

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Quién une al peronismo después de octubre

Quién une al peronismo después de octubre

Por Blas Bigatti y Ezequiel Gerace |

Se suele recordar que Néstor Kirchner vislumbraba para la Argentina un sistema político bipartidista, con una fuerza progresista de centroizquierda que él aspiraba a comandar, y una oposición de centroderecha que por entonces no terminaba de encontrar su forma definitiva. Las elecciones de octubre parecen confirmar que Cambiemos se ha consolidado como la pata derecha de este potencial bipartidismo. Refuerzan esta percepción los magros resultados de las oposiciones condescendientes con el gobierno. Hoy, las propuestas de corte liberal confluyen dentro de Cambiemos, o se diluyen frente a su avance.

Esta consolidación de una centroderecha electoralista y de proyección nacional ha encontrado, curiosamente, a la centroizquierda fracturada. El peronismo, que con todos sus matices continúa siendo –por lo menos doctrinariamente- la centroizquierda vernácula por excelencia, ha cedido unidad y peso electoral frente a las ambiciones personales y las presiones corporativas. Asimismo, los rasgos modernizantes de la construcción partidaria de Cambiemos han puesto en evidencia muchas de las vetustas estructuras de poder del PJ. Desde la derrota de 2015, distintas voces coinciden en reclamar una necesaria renovación y reunificación partidaria. Está en disputa quién debería encabezar esta renovación.

Antes de los últimos resultados electorales, el estáblishment liberal apostaba a un “peronismo racional”, donde se ubicaba a Miguel Ángel Pichetto, Juan Manuel Urtubey, Juan Schiaretti, Sergio Massa y Florencio Randazzo. Cristina Kirchner, presentada como “la gran derrotada” de estas elecciones, llegó al 22 de octubre habiendo sido ninguneada por Pichetto, excomulgada por Urtubey y degradada a “expresión del pasado” por Randazzo. Si Cristina ha sido la “gran derrotada”, es válido preguntarse dónde ha quedado el peronismo no kirchnerista.

“El que gana conduce y el que pierde acompaña”, aseguran los peronistas. Nada nos dicen de cómo actuar cuando los vencedores brillan por su ausencia. Tanto Massa como Randazzo redujeron su caudal de votos tras las Paso. En el caso de Massa, buena parte de sus 4,5 puntos perdidos parecen haber emigrado hacia Cambiemos. Urtubey retrocedió un 8% en Salta y cayó estrepitosamente ante el macrista Martín Grande. En Córdoba, los puntos recuperados por Schiaretti tras las Paso no alcanzaron para acortar la diferencia con el Cambiemos de Héctor Baldassi, que amplió su ventaja de 15 a 18 puntos.

Cristina, con un 37,25% de los votos bonaerenses, no solo alcanzó la mejor marca para el kirchnerismo provincial en una elección legislativa, sino que cosechó casi 3.500.000 votos, con un crecimiento de algo más de 260.000 votos en relación a las Paso. Los votos sumados de Massa, Randazzo, Urtubey y Schiaretti, junto con los de Domingo Peppo en Chaco, Mario Das Neves en Chubut y Lucía Corpacci en Catamarca, no llegan a los 3.000.000. El volumen de votos obtenidos por Cristina en Buenos Aires excede aun los mejores anhelos del “peronismo racional”.

Pero Cristina no está sola. Los distintos desprendimientos kirchneristas por fuera de los PJ provinciales le permitió a su espacio alcanzar un llamativo segundo lugar a nivel nacional, con un 21% de los votos totales. Son más de 4.600.000 votos confiados al kirchnerismo. La suma se amplía y se complejiza cuando entran en consideración las numerosas alianzas donde el espacio de la ex presidente acompañó a los PJ provinciales.

Como fuerza independiente, el kirchnerismo obtuvo resultados destacados en Buenos Aires, Tierra del Fuego, CABA, Salta y Chubut, superando el 20% en todos estos distritos y afianzándose como una oposición competitiva. Una mención especial merece el caso de Córdoba, donde obtuvo una banca de diputado a pesar de quedar relegado a un tercer lugar. Santa Cruz también merece un apunte. La crisis de gestión que atraviesa Alicia Kirchner, y que la condujo a una sonora derrota ante Cambiemos, no le impidió al kirchnerismo santacruceño mantenerse por encima del 30% de los votos, algo que no puede ser desestimado.

Por otra parte, en sus múltiples alianzas con los PJ provinciales, la fuerza de Cristina fue parte de las victorias en San Luis, San Juan, La Pampa, Tucumán, Misiones, Formosa y Río Negro, y acompañó los segundos lugares conseguidos en Entre Ríos, Mendoza, Santa Fe, Corrientes y Jujuy. Con excepción a este último caso, en todos superando el 25% de los votos.

La contracara no kirchnerista de estos resultados han sido las victorias del frente comandado por Corpacci en Catamarca y el de Das Neves en Chubut. Peppo, distanciado de Capitanich en Chaco, obtuvo el segundo lugar detrás de Cambiemos. Y el Frente Tierra de Unión de Bertone, demasiado permeable a las presiones del macrismo, quedó tercero en Tierra del Fuego. Urtubey, una de las caras más promocionadas para la renovación por derecha del peronismo, vio a su espacio retroceder a un segundo lugar detrás del oficialismo nacional, quedando a menos de dos puntos por encima de la opción kirchnerista.

El panorama que dibujan estos datos es el de un peronismo desarticulado y el de un kirchnerismo que avanza sobre las provincias, nacionalizándose, ya sea en alianza con los peronismos provinciales o dando pelea al PJ más refractario. Es un kirchnerismo en expansión. Lo que echa por tierra una de las teorías más refutadas del análisis político contemporáneo: que el kirchnerismo está muerto.

Por anclaje territorial y por caudal de votos, el peronismo no podrá prescindir del kirchnerismo si aspira a construir una opción electoral viable de cara a 2019. Esto no se reduce a poner un presidente en la Rosada. Implica, a su vez, renovar gobernaciones que hoy están en riesgo y recuperar las que se han perdido. La suerte del PJ chaqueño y salteño hubiese sido otra de haber mediado un acuerdo político con la fuerza de la ex presidenta. Algo equivalente podría pensarse de la elección bonaerense si Randazzo no se hubiera instalado como tercera oposición peronista.

En cualquier caso, la fuerza liderada por Cristina Kirchner parece tener más para ganar durante el 2018 que aquellos peronismos de oposición vacilante. Es difícil vislumbrar a la ex presidenta encabezando una fórmula presidencial en 2019, pero su peso específico, tanto dentro del peronismo bonaerense como a nivel nacional, la convierte en la principal responsable de reconstruir la unidad del peronismo y actualizar los esquemas partidarios del PJ. El aggiornamiento que supuso Unidad Ciudadana puede entenderse como un antecedente en esa dirección.

Tan pronto Cristina asuma su banca en el senado se pondrá a prueba su capacidad para aglutinar al peronismo. Cuánto logre imponerse y cuánto acepte ceder a los PJ provinciales será indicador de su capacidad de liderazgo, pero también de su cintura política, una cualidad que sus detractores suelen poner en duda. Octubre ha abierto un amplio terreno para la negociación. No son pocos los gobernadores que buscarán un triunfo en 2019 y que ya han sabido dialogar con el kirchnerismo en el pasado. La presión del gobierno sobre los oficialismos provinciales será un condicionante de peso. Pero una cosa es clara: la actual dispersión del peronismo es uno de los grandes aliados del proyecto macrista. Sobre Cristina recaerá la responsabilidad de volver a articular la unidad perdida.

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