20 Abril, 2018

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Opinión | Cambiamos Aviones y generales por canales de TV y jueces

Opinión | Cambiamos Aviones y generales por canales de TV y jueces

Por Sergio Zurano | 

En la primera mitad de la década del 70 algunas naciones de nuestra América eran gobernadas por democracias que hoy recibirían el nombre de progresistas o populistas. Las oligarquías locales que han asociado sus intereses económicos a capitales y potencias extranjeras terminaron con esas democracias, como ya lo habían hecho tantas veces al llegar en nuestra historia, según su concepción, “la hora de la espada”, tal cual lo expresara la genuflexa intelectualidad de nuestro Leopoldo Lugones en 1930.

Así las cosas, entre 1975 y 1985 los sectores civiles de la oligarquía, siempre perjudicados por las políticas económicas de las democracias progresistas o populares, ocuparon los gobiernos latinoamericanos a través de las Fuerzas Armadas. Fueron tan bestiales estos gobiernos llenos de asesinatos y barbaries que dieron origen a una política internacional de reacción por la sistemática violación de los Derechos Humanos acaecida en nuestros países. No puede dejar de destacarse en ese sentido el trabajo militante de muchas organizaciones civiles, entre las que sin duda sobresalen las Madres de Plaza de Mayo.

Se inicia a partir de 1980 un nuevo periodo democrático en toda América latina. Las oligarquías que habían sido parte fundante y fundamental de las dictaduras se acomodan, con indisimulado disgusto, a la nueva realidad. Después de las primeras décadas de gobierno ambas fuerzas siempre antagónicas, los intereses populares y los oligárquicos, dejaron en claro donde refugiarían sus ambiciones de poder. La oligarquía se refugia en los cada vez más influyentes medios de comunicación y las fuerzas políticas nacionales y populares, tal vez cándidamente, en la militancia y el protagonismo popular.

En los últimos años del siglo XX y los primeros de este siglo las democracias progresistas vuelven al gobierno en Latinoamérica. Los intereses oligárquicos se ven seriamente perjudicados y el avance de una integración económica de América del Sur y Central amenaza aún más su futuro.

Dada estas circunstancias y habiendo agotado los tradicionales golpes militares en torturas y asesinatos, los poderes fácticos encuentran en su propio seno una nueva forma de golpe de estado.

El Poder Judicial, que siempre ha funcionado como el resguardo de sus intereses, será el nuevo instrumento destituyente al servico de la oligarquía. Las constituciones liberales han preservado al poder judicial de la voluntad del pueblo, reservando así para el poder oligárquico la última palabra sobre legitimidad. Quizá no esté de más mencionar algunos ejemplos de los muchos que nos da nuestra historia sobre la familia judicial y su servicio a los poderes fácticos. En 1860 el Presidente Bartolomé Mitre (representante de los intereses latifundistas de Buenos Aires y defensor del comercio británico) designa como Presidente de la Suprema Corte de Justicia a Francisco de Las Carreras. En el año 2015 me tocó como abogado del Estado recusar al Juez Francisco de las Carreras (bis nieto del que nombrara Mitre en la Corte) por su nefasta intervención en la causa de la Ley de Medios. La familia De Las Carreras fue puesta por Mitre en el Poder Judicial y casi dos siglos después deriende a los Mitre, los Noble y Los Magnetto, todos socios en Papel Prensa. Pero si esto no fuera suficiente, quizá sirva para entender como la “justicia” siempre ha estado en manos de la oligarquía, recordar que la acordada de la Corte que da legalidad a los golpes de estado en nuestro país (una de las piezas más vergonzantes que la justicia ha creado) fue firmada por el Procurador General de La Nación Dr. Horacio Rodriguez Larreta, convalidando, conforme los intereses económicos dominantes, el golpe de Uriburo contra Yrigoyen en 1930. Aquel Dr. Horacio Rodriguez Larreta es el bis abuelo del actual Jefe de Gobierno.

Ese poder judicial golpista que mayoritariamente encarna “la justicia” de nuestra américa, opera en concordancia y complicidad con los grupos económicos que hoy debido a la gran dispersión de sus inversiones poseen también los medios de comunicación más influyentes.

Así entonces los medios, acusan juzgan y condenan ante la sociedad civil que presencia atónita el circo y muchas veces forma parte de él. Los jueces luego convalidan este ridículo proceso firmando las condenas.

Como resultado de estos procesos golpistas en nuestra América tenemos la destitución de Lugo en Paraguay, la destitución de Zelaya en Honduras, la persecución mediática judicial contra Chavez hasta su muerte y luego a Maduro, la estigmatización y persecución de los dirigentes kirchneristas incluida la ex presidenta Kirchner y la prisión por las dudas de sus ministros y colaboradores, la destitución de la presidenta Dilma Rousseff y ahora el caso Lula.

Lula fue acusado de quedarse con un departamento que no es de él, en el que nunca vivió y que no conoce. No hay ninguna prueba en su contra. Pero Lula, candidato del Partido de Los Trabajadores desalojado del gobierno por el golpe contra Dilma, encabeza todas las encuestas para las elecciones en Brasil. No le bastó a los poderes económicos la destitución de Dilma, tienen que encarcelar a Lula y seguramente lo van a hacer.

Latinoamérica al igual que en la década del 70 está siendo asolada por un nuevo Plan Condor. En lugar de ruidos de metrallas y bombas ahora son voces de “periodistas” y sentencias judiciales. En lugar de Aviones y metrallas asesinando a Allende, ahora hay canales de TV, fiscales y jueces coaptados encarcelando a Lula.

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