11 diciembre, 2018

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Volver a enraizarnos

Por Florencia Paltrinieri * | 

En las mitologías ancestrales –especialmente en las de origen latinoamericano, aunque no de manera exclusiva –, la tierra, la Pachamama para los pueblos andinos, la Ñuke Mapu o Madre Tierra para los pueblos mapuches, tiene un lugar fundamental. Ese lugar está vinculado a la femineidad, pero en un sentido distinto a los viles, vulgares y superficiales estereotipos de lo femenino a los que estamos acostumbradxs.

Resulta que lo femenino mitológico está vinculado al poder de la vida y de la muerte, cuestiones complejas pero cotidianas si las hay, y la tierra, lo que brota de ella, los ríos que la atraviesan, las criaturas que existen e interactúan sobre su faz; todo ello se encuentra vinculado en un círculo, en ciclos y estaciones, en una espiral de conexiones, relaciones, momentos de luz y oscuridad; de vida y de muerte. De resistencia. De renacimiento.

Quizás esta mirada pueda parecer demasiado densa –en el sentido de profunda, de insondable – para nuestras cosmovisiones devenidas occidentales y capitalistas. Afortunadamente para nuestro futuro, el feminismo nos llevó a los brazos de nuestras hermanas ancestrales, nos puso de cara al racismo conspicuo de nuestra sociedad y nos muestra, hoy día, una suerte de conexiones perdidas que podrían ser nuestra guía de los caminos que vendrán.

Este año, la nueva agenda del Encuentro estuvo marcada por dos hitos históricos, articulados de manera colectiva y que recuperan dos cuestiones imprescindibles: por un lado, tuvo lugar durante el Encuentro la Primera marcha contra travesticidios y transfemicidios, que une definitivamente y de una buena vez, las voces de las mujeres cis con las de travestis y personas trans que son víctimas sistemáticas de la violencia y la vulneración de sus derechos desde la niñez, llevándolas a la prostitución como destino único; por otro, la votación que todos los años define el próximo lugar de sede del Encuentro, definió además el cambio de nombre de lo que a partir de este momento se conocerá como Encuentro Plurinacional de Mujeres, Travestis, Lesbianas y Trans, incorporando así a las 36 naciones que habitan el Estado Argentino y que da cuenta de una realidad de persecución a luchadoras sociales de los pueblos originarios –muchas veces seguida de desaparición y muerte –; que pone sobre la mesa la situación de explotación de los territorios atávicos que están en manos de (y continúan siendo vendidos a) terratenientes extranjeros como Benetton y Lewis, entre otros.

Entonces, las luchas conjuntas, los intercambios de diálogos e ideas, las demandas y negociaciones surgidas de estos espacios/tiempos han ido configurando una agenda de trabajo feminista cada vez más incisiva, más amplia y más diversa.

Volvamos a la tierra. Es en esa húmeda oscuridad, tan parecida a la de un útero, donde nos gestamos de nuevo. Las expectativas no están puestas en si es niño o niña. Es un útero que contempla a todos los géneros por igual. No va a imponerle unas ropas que no surjan del deseo de la propia semilla. Es un útero que desea a la semilla con vida. Y que desea que la semilla desee.

El feminismo germina en nuevos retoños que tienen la suficiente osadía, insolencia y frescura como para hacerse cargo de una agenda política que los mismísimos sectores autodenominados políticos y sindicales no se atreven a tomar. Las nuevas yemas verdes asoman a una tierra que se atreven a reclamar para ‘todes’. Una tierra que no quiere entregarse más a cambio de sangre.
Es en esta tierra mítica, donde hay un lugar para cada elemento que la habita, sin pretensiones. Es la tierra que guarda los huesos de todas las brujas originarias que han sabido quemar, violar, asesinar y vender. De todas nuestrxs muertxs; travestis, trans o cis.

Pero lo que desconocen nuestros verdugos, aún hoy, es que los huesos son el órgano del cuerpo más difícil de destruir. Y guardan la memoria de aquello en nuestros espíritus que es inquebrantable.

¿Es muy difícil, en este punto, imaginar que desde los huesos enterrados de nuestras batallas perdidas, la tierra nos enseñará a entretejer las raíces de la nueva vida feminista?

 

* Torta conurbana y peronista. Licenciada en Comunicación por la Universidad Nacional de General Sarmiento. Militante de Nuevo Encuentro y de la organización por los derechos LGBTIQ+, Conurbanxs por la Diversidad. Hincha de la Academia y amante de las plantas.

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