22 octubre, 2019

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Malvinas a 37 años | “Es continua la muerte del veterano”

Malvinas a 37 años | “Es continua la muerte del veterano”

Una charla a fondo con los Veteranos de Malvinas de Morón. Sus recuerdos, los días previos a aquel 2 de abril, la vida en las islas, el regreso y la indiferencia como el verdadero enemigo que esperaba en casa.

Por @zuranog y @_FrancoNB |

Entramos al Centro de Veteranos de Malvinas de Morón, cruzamos el patio guiados por los murales que cubren la galería. Son tres pinturas que recuerdan la guerra, a los caídos y la soberanía Argentina sobre las islas. Frente a esos murales, estacionado, está el camión de los veteranos. Repleto de los bancos de escuela que ellos arreglan y devuelven para ser reutilizados en las aulas, como un componente más de los que conforman ese lazo ente los héroes y la comunidad de un lugar.

Mientras atravesamos el patio, también vemos “la cocina” una caldera móvil que los veteranos llevan a las plazas para cada acto patrio y de la que suele salir el chocolate caliente o el café, para los vecinos y las vecinas.

Llegando al salón, nos esperan en la barra, al lado de la parrilla, Guillermo Ramos y Daniel Ucci. Están cortando unas cebollas y unos morrones porque es viernes y como todos los viernes, los veteranos se juntan a comer y a charlar, a brindar recordando que están vivos y a recordar a los que ya no están.

Enseguida llega Juan Di Mario y comenzamos la charla que da lugar a esta nota. Miguel Piperno, Omar Martínez (actual Presidente del  Centro) y Rodolfo Arrieta, llegarán después y se sumarán a la charla.

Las sensaciones de siempre cuando se acerca el 2 de abril

Para los del Ejército, que fuimos los que nos movimos dentro de lo que vendría a ser abril, la mayoría estuvimos todos aprestos en los regimientos para salir a partir del 2 de abril en adelante.  Entonces hay muchos que tienen muchos recuerdos de lo que fueron todos los preparativos. En estos días son esos los recuerdos”, cuenta Guillermo Ramos, cuchillo en mano, mientras va cortando un morrón.

“Nosotros salimos el 9 de abril y llegamos allá el 11. De ahí en más estuvimos distribuidos en la defensa de Puerto Argentino, al menos mi regimiento que era el 3 de infantería.  Yo estaba haciendo el servicio y  me tendría que haber ido el 5 de marzo”.

Juan Di Mario estuvo en el crucero General Belgrano y cuenta cómo vive un nuevo aniversario de la guerra, a 37 años de aquella tarde en que comprendió que estaba yendo a Malvinas: “Vi como fueron los preparativos en Puerto Belgrano para ir a tomar Malvinas, sin saber lo que iba a pasar. En la base naval había mucho despliegue, mucho movimiento y como todo el mundo, me enteré ese mismo 2 de abril que se habían tomado las Islas y yo estaba en un barco de guerra que iba a salir para el sur. Estaba roto, pero se reparó y salió. Era un barco de la segunda guerra mundial, que se había salvado de Pearl Harbor, pero bueno…era lo que había”.

“Se mezclan sentimientos, empezás a remover todo cuando llega esta fecha. Estamos haciendo una muestra en el museo, nos contactamos con familiares de caídos para mantener presentes a los que no están. Es movilizante y es algo que nos marca, que sentimos y lo vamos a sentir hasta los últimos días”.

Por su parte, Daniel Ucci recuerda ese abril de 1982 como el mes en el que tendría que haber salido de baja: “Me iba de baja del servicio militar y nunca salí. El 13 de abril nos formaron en el regimiento y eligieron a unas 200 personas y nos dijeron ´bueno hay que armar los bolsos´, nosotros no sabíamos a dónde íbamos. Fuimos a Palomar, nos subieron a un avión y fuimos a Malvinas. Después todo lo que implicó, estando allá, los preparativos previos a que vengan los ingleses. El trato de los oficiales y los suboficiales… era una convivencia complicada y eso creo que también invade la cabeza de cada uno, por lo menos la mía”.

La relación con los militares al mando de los regimientos en las Islas será un tema que volverá a aparecer en la charla.

Miguel Piperno, que llegó hace unos minutos y escuchaba en silencio, dice: “En mi sección hubo abusos, de hecho hicimos denuncia en La Plata. Hubo estaqueamientos, hubo maltratos de parte de los oficiales y suboficales, que los voy a nombrar: El oficial a cargo era el Subteniente Ardoino Flores, los cabo primeros Cancino, Puca y Villalba”.

Piperno también trae el tema del hambre a la charla y las miradas de sus compañeros son la prueba de lo pesadas que son esas palabras, de la tristeza que da que sean tan verdaderas: “El tema es que como teníamos tanta hambre, realmente la pasábamos muy mal. Yo estaba en primera línea y la comida no llegaba a donde estábamos y teníamos que ir a buscarla.  Hasta el 1° de mayo estaba todo lindo, la ración era buena”.

“Después empezó a racionarse y venía caldo y poroto. Era tanta el hambre que nosotros teníamos que salir a robar comida, lisa y llanamente. Íbamos a robar comida al pueblo que nos quedaba bastante lejos, unos 5 kilómetros, pasando por campos minados”.

Piperno cuenta que al ser tomados prisioneros, cuando terminó la guerra, él y otros compañeros se metieron en “una especie de hangar” que estaba repleto hasta el techo de comida. “Capaz que la comida no llegaba porque pensaban que iba a durar 40 años la guerra, no tengo idea”, dice como quien todavía intenta buscar una buena explicación para aquello.

“En vez de estar uno fuerte y bien para la tarea que teníamos que desempeñar, estábamos muy débiles”, recuerda Ucci.

Miguel Piperno sigue hablando y nos cuenta que durante aquellos 72 días adelgazó 17 kilos. También cuenta que era él el encargado de ir a buscar la comida y que en el camino, a veces, comía un poco más que sus compañeros. “Eso me tuvo mal mucho tiempo, hasta que le pedí disculpas a casi todos:´Nosotros hubiésemos hecho lo mismo, es instinto de supervivencia´, me dijeron”.

Imagen de archivo: Centro de Veteranos Bahía Blanca

Los abusos

La principal excusa para los abusos de autoridad y las torturas eran los robos de comida. “A mí no me engancharon”, cuenta Piperno. “Pero también lo sufrí porque agarraban a uno y pagaban todos. Los castigos que me acuerdo de haber visto: te sacaban, el calzoncillo largo, el pantalón, los borcegos  y te metían en unos laguitos que los llamaban ´laguitos de los tormentos´, con el agua congelada. Esa era una de las torturas, después el estaqueo. Estaquearon a varios soldados, a uno le rompieron la clavícula de la paliza que le dieron, lo hicieron comer mierda, ´así que tenés hambre, bueno comé´. Ese pibe puntualmente vivía en Uruguay, vino a hacer el servicio militar, le tocó Malvinas y pasó por todo eso. Hoy por hoy seguimos en contacto y está muy mal, con problemas de alcoholismo”.

Guillermo Ramos habla del estrés postraumático. Cuenta que hay compañeros de ellos que todavía escuchan los bombardeos. “El olor a pólvora, un avión que pasa, un helicóptero, esas cosas te llevan directo allá. Pueden pasar muchos años pero eso no te lo sacás”.

El hundimiento del Belgrano

“Yo nunca pensé que iba a pasar eso”, cuenta Di Mario. “Estábamos navegando, fuera de la zona de exclusión, eran las cuatro de la tarde cuando nos pegan dos torpedos y en menos de una hora se hunde. Fue una explosión muy fuerte,  tuve la sensación de que el barco se levantó, se movió para un costado y volvió a caer. Todos los que estábamos en esa habitación nos caímos al piso. Salimos a cubierta y el barco ya estaba inclinado”.

En aquel momento, inexplicablemente hubo calma en Di Mario: “Esperamos a que el comandante nos dijera que era lo que teníamos que hacer y a partir de ahí bajamos del barco en las balsas”.

“Yo te digo que me caí al piso, pero en la parte donde pegó el torpedo, no quedó nadie. 323 fallecieron en la explosión. 20 cuerpos se pudieron llevar al continente. Algunos se murieron adentro de las balsas, por el frío. De hecho muchos se orinaban para darse calor”.

Fueron 40 horas las que Di Mario y sus compañeros pasaron en las balsas de salvataje, hasta que los fueron a rescatar.

La desmalvinización

Guillermo Ramos empieza hablar de lo que sucede hoy con la causa Malvinas, ¿Qué le produce que se haya abandonado la vía del reclamo diplomático?

“La verdad que nos da bastante lástima porque cada Gobierno tiene su gestión con respecto al tema Malvinas y nos toca ahora, este Gobierno, el olvido tanto a la gente como a la causa. Hasta hasta salen defendiendo la postura del Reino Unido”.

Piperno se suma y enfatiza en el mismo sentido: “Durante 12 años el reclamo se hacía, y no era un reclamo solo de la Argentina sino que era un reclamo de la región. Ahora cambió todo y no se podía esperar otra cosa. Cuando la cabeza o la conducción de un gobierno no le importa la causa Malvinas pasa esto. A nosotros nos da mucha bronca”.

El Regreso

Di Mario, cuenta que volvió apenas se produjo el hundimiento del Belgrano, mientras continuaba la guerra. “Cuando volví decían que estábamos ganando. Después el 14 de junio cuando terminó la guerra, no decían más nada”.

Rodolfo Arrieta, se suma a la charla y cuenta cómo fue su llegada a Puerto Madryn: “Ahí pude palpar el recibimiento de la sociedad, estaba lleno de gente que nos gritaba y nos pedía algo, cualquier cosa de recuerdo. Después en Tablada había sólo familiares. Pero Madryn era el Pueblo y ese fue nuestro primer contacto con el ciudadano común”.

“Yo lo único que me acuerdo de Madryn es una señora que venía con un papel donde estaba escrito el nombre del hijo. Iba pasando a cada camión y mostrando el cartel para ver si el hijo estaba ahí. Me acuerdo y se me pone la piel de gallina”, agrega Piperno.

Omar Martínez, es el Presidente del Centro de Veteranos y acaba de sumarse a la charla, entonces da su impresión de la llegada a Puerto Madryn, la que está en su memoria: “Era impresionante la cantidad de gente que había. Bajamos del Camberra y era un puente grandísimo que estaba repleto de gente y ahora todavía impresiona como la gente tiene grabado el tema Malvinas. Pensá que allí se produjo lo que se llamó el Madrynazo que fue cuando toda la población salió para impedir que un buque ingles atracara en ese puerto”.

Pero Omar, trae a la conversación otro aspecto del regreso, quizás el más duro: “Lo peor de la vuelta fue el ocultamiento, el no haber recibido la contención necesaria. La primera etapa empezaron a meter a todos los que podían en empleos en el Estado, para contener eso porque era una gran cantidad de soldados que habían vuelto y que estaban mal. Ese fue el primer año que ya era el pase de la dictadura a la democracia. Y después cuando vino la democracia también nos ocultaron, no se podía hablar del tema, era una piedra en el zapato”.

“El Estado hizo una negación de nosotros y eso tiene que ver con la dictadura. Nosotros no éramos ni militares ni civiles. Estábamos en el limbo. Cuando pedías contención al Estado te decían que pertenecías a la dictadura y para el ejército vos no eras más un soldado y habías pasado a ser un civil”.

“Igual, esto sigue”, agrega Piperno, “Es continua la muerte del veterano. Para mí, las enfermedades son emocionales y hasta que nosotros no nos curemos de la guerra nos vamos a seguir muriendo como nos morimos de cáncer o de cualquier tipo de enfermedad”.

La charla va llegando a su fin, Guillermo ya se mete de lleno en su tarea de preparar la cena, hacemos algunas fotos. Todos tenemos la sensación de haber visitado, por un rato, un lugar nuestro. Los veteranos, en su memoria, en sus heridas, en sus ausencias y nosotros en nuestra historia, en nuestro barrio, con nuestros héroes.

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