15 noviembre, 2019

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IV Torneo Nacional Homenaje a los Rugbiers Desaparecidos

IV Torneo Nacional Homenaje a los Rugbiers Desaparecidos

Entre el 9 y el 10 de noviembre se llevará adelante en Bariloche el IV Torneo Nacional Homenaje a los Rugbiers Desaparecidos. Desde la organización difunden la convocatoria contando los distintos casos y uno de ello es el de Gustavo Alberto Grigera, jugador de Los Matreros, de Morón, secuestrado por un Grupo de Tareas de la Armada en 1977.  

Grigera se crió en Morón y durante su adolescencia jugaba al rugby en el club Matreros. En 1972 se recibió de médico en la Universidad de Buenos Aires, y ejerció su profesión en el Hospital Italiano del barrio de Almagro.

Fue secuestrado el 20 de agosto de 1977, cuando tenía 28 años y esperaba la llegada de su primera hija, junto a su esposa, Mónica Dupuy. El siguiente texto fue escrito por su compañero de profesión y amigo Marcelo Mayorga.

RESUCITARLO PARA QUE LO TORTUREN

Nunca me voy a olvidar ese momento del 18 de julio de 1977. Gustavo me miraba fijo y yo sabía que me estaba pidiendo que lo dejara morir. No olvidaré nunca esa mirada hasta mi muerte. Gustavo ese día había ido a una reunión con compañeros en la Confitería cerca del Hospital Italiano, donde ambos trabajábamos en la guardia. Esa reunión se convirtió en una “cita cantada” y fue perseguido por un Grupo de Tareas de la Dictadura. Antes, el personal médico tenía la orden de esconderlo para salvarle la vida. Pero no pudimos. En su huida cinematográfica, buscó refugio en un baño del Departamento de Ortopedia. Segundos después, los militares lo encontraron y llevaron en una camilla a la Guardia. En medio de oficiales fuertemente armados, recibimos la orden: “Revívanlo, aquí está el antídoto contra el cianuro”. Allí entendí que Gustavo había ingerido la pastilla de cianuro para no sufrir los vejámenes y torturas que le esperaban. Sigo teniendo presente este hecho y es uno de los mas fuertes y conmocionantes que me tocó vivir. Fue un lunes, estaba almorzando a unos metros del hospital y empecé a ver que llegaban carros y autos de la Armada. Empezaron a cerrar todas las entradas al nosocomio, excepto la guardia. Allí me dirigí. Me identifiqué como médico y me dejaron pasar. Fue impresionante el operativo, el hospital quedó vacío. Mas temprano habia escuchado “versiones de pasillo” que sostenían que mi amigo y colega Gustavo Grigera estaba en el hospital, pidiendo que lo escondieran como había ordenado el Sindicato. Me preocupé como si se tratara de mi hermano. Hicimos juntos la residencia, que es una etapa en la que uno comparte muchas cosas y se establecen relaciones muy fuertes. Teníamos una relación de gran afecto. En esa época, los médicos teníamos mucha actividad gremial y era normal tener asambleas de índole gremial. Retornando al hecho de ese día, los militares ordenaron evacuar el hospital, gestión que duró una hora y media. Trajeron a Gustavo a la guardia, y bajo amenazas de muerte, empezamos a asistirlo. El cirujano de guardia me ayudó a colocar la canalización. Esto produjo un nerviosismo extremo porque estábamos rodeados por militares con armas largas. Gustavo fue intervenido tras haber ingerido la pastilla de cianuro. Nosotros no teníamos el antídoto, lo que informamos al oficial que parecía el responsable del grupo paramilitar. Al escuchar esto, salió de la guardia y volvió en un minuto con Nitrito de Amilo. Nos dimos cuenta que tenían todo arreglado desde antes. Se lo suministramos por vía respiratoria. Antes le habíamos hecho un lavado estomacal que produjo una depresión respiratoria. En un momento, entre los médicos que estábamos con Gustavo, existía el rumor que había tragado vidrio o cianuro. Después de una hora que le suministramos el antídoto, uno de los oficiales dijo que lo iban a trasladar, a lo que le pedí que no lo hicieran porque Gustavo estaba muy grave. No me escucharon. Al ver la negativa a mi pedido, les dije que la única manera de llevarlo sería si firmaran el Libro de Guardia del hospital. No recuerdo ni el apellido del que firmó pero si recuerdo que tenía el grado de Oficial. Lo retiraron y se fueron. El miercoles siguiente, yo estaba otra vez de guardia. En esa noche, entraron dos o tres personas de civil a la recepción y escuché que hablaban imperativamente, exigiendo el Libro de Guardia. Salí a solicitarles las credenciales. Al verme me apuntaron con armas cortas. Nunca sentí el miedo a la muerte como en ese segundo. Me hicieron poner a mi y a los que estaban en recepción contra el piso y robaron el libro. Atiné inmediatamente a pedir ayuda pero nos dimos cuenta que habían cortado las líneas y arrancaron los cables del conmutador. El dolor de una Dictadura que se llevó al mas comprometido y solidario de mis compañeros del Hospital Italiano, Mi querido Amigo Gustavo.

 

 

 

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