18 noviembre, 2019

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“¿Quién mató a mi hermano?” | Se estrena el documental que testimonia la desaparición y muerte de Luciano Arruga

“¿Quién mató a mi hermano?” |  Se estrena el documental que testimonia la desaparición y muerte de Luciano Arruga

Por Martina Herreros |  

Una cafetería a metros del Congreso y un llamado telefónico un poco entrecortado, son los espacios posibles para entrevistar a los directores de, tal vez, el documental político más significativo del año, aquel que retrata de manera minuciosa, comprometida y sobrecogedora la desaparición forzada y posterior muerte en 2009 de Luciano Arruga, una de las numerosas víctimas de la violencia policial, la impunidad judicial y la indiferencia estatal.

Lucas Scavino es uno de los realizadores de “¿Quién mató a mi hermano?”, el primero a quien tuve la oportunidad de conocer y quien, con un equilibrio entre cortesía y determinación, y un café de por medio, me brindó una parte de su mañana para relatarme los detalles de este complejo recorrido visual, político y humano que emprendió junto a Ana Fraile.

Por otro lado, no tuve la chance aún de conocer a Ana en persona, pero, incluso por teléfono, ya puede advertirse en su voz y sus palabras, el nivel de compromiso con la causa de Luciano, con la extensa lucha de su familia por conseguir un poco de justicia en un mundo brutal y con su propio documental.

Ambos responderán a las mismas preguntas, pero en distintos tiempos y espacios, ya que por complicaciones más que lógicas de agenda, debidas principalmente a que la película se estrena hoy, no pudimos coincidir en los mismos momentos, sin embargo, el equipo se complementa en responder a todos los interrogantes planteados.

Su trayecto junto a Vanesa Orieta, hermana de Luciano, duró más de cinco años, ¿qué paralelismo pueden trazar a nivel judicial, policial y político con el momento actual?

Lucas: Creo que hay muchos conectores, de hecho cuando todavía seguíamos, la desaparición de Santiago Maldonado se dio cuando ya estábamos en los últimos registros de lo que era la película. Me acuerdo de hecho, charlar con Pablo Bregante, la pareja de Vanesa, porque él hace la música en la peli, y me acuerdo que contaba que estaban en contacto ellos con el hermano de Santiago y que había mucho de lo que éste le contaba, inclusive mucho de lo que ellos mismos veían que estaban atravesando los familiares eran cosas que tanto Vanesa como el grupo de familiares, la madre Mónica, vivieron en los primeros tiempos, los primeros días luego de la desaparición de Luciano.

Entonces, en ese sentido hay como una forma que se reitera y algo que termina siendo como espejo, en el accionar de la fuerza represiva en un caso particular de desaparición forzada; quizás justamente la conmoción que produce en las personas más cercanas, en los afectos más íntimos de la persona que desaparece es tal que queda uno muchas veces sin respuesta o constándole reaccionar frente a ese acontecimiento, pero en ese punto depende mucho de quien pueda tener la fuerza y la lucidez de saber por dónde empezar a reclamar, por dónde empezar a exigir la aparición con vida de la persona. Hay una suerte de conocimiento que se arrastra de la dictadura hacia la democracia, y lo único es que por ejemplo la figura del Habeas Corpus, es como algo central para empezar el reclamo. De hecho, Vanesa redactó uno y pidió que se lo recibieran, y durante varios meses no se lo recibieron. Así que hay una situación de bastante espejo, en ese aspecto. Quizás, la gran diferencia es el eco o la resonancia que tiene el caso de acuerdo a la condición social del desaparecido y eso es lo triste también, porque Luciano era un pibe de un barrio humilde que entraba en toda la tipificación estigmatizante del “pibe chorro”, entonces a mucha gente no le importó eso.

Con Santiago también hubo una demonización…

Lucas: Que es una estrategia que generalmente, desde el Estado, y en particular, desde la fuerza represiva del Estado, tiende a hacerse, de invertir la carga de culpabilidad sobre el desaparecido. En el caso de Santiago también se lo intentó, lo que pasa es que fue mucho más burdo y mucho más inverosímil; en el caso de Luciano, hay un prejuicio muy distribuido y muy asentado en la población sobre lo que es un “pibe chorro”, y ese estigma es más duro de llevar.

Ana: En general se ve como un recrudecimiento, se ve que la vulneración de derechos está más intensificada, hay como una impunidad, un desboque de las fuerzas de seguridad que no sé si no era tal, estaba más controlada. Evidentemente hay ciertos acuerdos que los últimos años se rompieron, que no quiere decir que esos acuerdos no vulneraban derechos, y que las cosas no pasaban, pero evidentemente ahora hay ciertos movimientos, acuerdos políticos dentro de lo que es el sistema de la perversidad que incluso eso se ha roto, eso pienso que es algo que cambió, de alguna manera. También pienso que cambió el nivel de organización de las familias, creo que los cinco años de la marcha del gatillo fácil es algo muy importante, que ese movimiento de familiares que involucra muchas veces a familiares de víctimas de desaparición forzada en democracia son organizaciones muy importantes de personas que se ponen de acuerdo para la lucha o para la búsqueda de justicia, para saber la verdad, eso también cambia mucho. En el caso específico de lo de Luciano, creo que se puede ver en una frase: cuando nosotros conocimos a Vanesa, al grupo de familiares, ellos hablaban de violencia institucional, nosotros también, pese a que el término a mí siempre me hizo ruido, sin embargo uno lo usaba.

¿Por qué hace ruido?

Lucas:  Porque me parece que hablar de “violencia institucional” es una forma quizás velada de contener esa violencia y sin embargo ya se habla de represión estatal, ni siquiera ese velo, está ahí y la ves, digamos, lo de Rafael Nahuel, toda la doctrina Chocobar, los dichos de Patricia Bullrich, son de mucha impunidad, de mucha crueldad, son nefastos, entonces se pueden decir todos los adjetivos que uno se imagine y no alcanzan.

En una entrevista mencionaste Lucas que es difícil conseguir financiamiento, y que tenían pensado distribuir la película de manera independiente como lo hacen ciertos medios alternativos, ¿qué opinás de estas plataformas? ¿Y qué pontencialidad considerás que pueden explotar en este u otros films?

Es un canal de circulación de la información muy democrático, poco controlado por los grandes grupos económicos, como sí los medios tradicionales, y en ese punto la información se vuelve bastante más transversal, y recorre de manera más transversal a la población, a la sociedad en general. Si es verdad esto de los grupos de pertenencia, segmentados por actividades, yo tengo montones… Uno puede estar conviviendo con muy diversas audiencias y ser parte de esos grupos. En ese sentido me parece bueno, utilizar esas redes para no solamente construir, producir o circular noticia sino también de esa manera nosotros nos dimos cuenta que hay mucha avidez por algo interesante, por algo verdadero, que, por lo general, los medios tradicionales escamotean, o en todo caso, sólo exhiben aquello que esté vinculado de manera ideológica a lo que quieren hacer circular, entonces es bastante menos democrático en ese punto; y relacionado con la forma de exhibición de la película, eso que mencionabas que dije en otra entrevista, me refería a toda una etapa posterior al estreno comercial y al paso por festivales que suele ser lo más habitual en la etapa inicial de distribución y exhibición, que tiene que ver con el hecho de poder tener contacto directo con el público, llevarla a escuelas, universidades, organizaciones barriales, directamente a los barrios organizando eventos, es una manera de estar en contacto directo con la gente que nos parece interesante que la vea.

La película en un punto abre espacios de reflexión, invita a cuestionarte tu manera de ver la realidad concreta de la desaparición forzada, la existencia o no… Para muchos, el descubrimiento de que existe una desaparición forzada en democracia, no digo todos, sino para un grupo de la audiencia. Así que de esa forma, me parece interesante esa forma de distribución, equiparable a la circulación de la noticia por redes, porque es una manera de no perder contacto con la realidad y de trabajar espacios de reflexión, trabajar formas de interacción con la película y con el público que no son estereotipadas o segmentadas como puede ser un estreno comercial que, así y todo, por haber estado en proceso de producción en el instituto de cine (INCAA), necesitamos hacer este estreno comercial, inclusive nos exigen que la película tenga un estreno comercial en salas, que esté disponible para la explotación comercial durante 45 días, que vaya a la plataforma Cine.ar… Son canales, uno quita a otro, y cuando nos planteamos hacer esta película particularmente y nos planteamos alcanzar la mayor cantidad de audiencia posible y diversa. Esa era una preocupación con Ana, no ser sectarios a la hora de pensar quién iba a ver la película, incluso en la propuesta narrativa que diseñamos, creo que la película acepta y permite muchas lecturas. Un caso claro es mostrarla fuera del país y la recepción que tenemos de gente que no idea de quién es Vanesa Orieta ni del caso Arruga, y así y todo se identifica con eso porque es una realidad en su país también, escalofriante, ¿no? Pero a su vez, muy interesante como fenómeno, de cómo el cine puede aunar audiencias de distintos lugares.

Ana: Me parece que hay formas de organización preexistentes, que estamos aprendiendo cada vez más a coordinarnos y a accionar. En el caso de esta película, lo que hicimos es algo que me parece que es muy interesante que es combinar la producción tradicional de una película que son los productores ejecutivos y las personas de prensa que se ocupan de la película como hecho comercial que se estrena, y nosotros incluimos en este caso, a una persona de prensa que se llama Fernando Tebele que representa a un medio que es La Retaguardia para participar de esto, y creo que nosotros, Daniel que es el otro productor ejecutivo, Cris de prensa, y Zuleika Esnal que es una actriz que nos está ayudando también con las redes, encontramos una forma, una mixtura donde el objetivo es tratar de entrar en el cine y lograr que un montón de personas que no se enterarían de esta película, se enteren y vayan.

Hay toda una red de comunicadores de medios que ahora yo ya le voy a dejar de decir alternativos y les voy a decir medios legítimos que están trabajando sin parar, hace dos o tres semanas que están moviendo y moviendo información como hormiguitas y me parece que vamos a ver cómo es el resultado de eso, pero que eso hace que la pelea contra toda la burocracia sea más llevadera. Sigue siendo una pelea muy desigual, estamos compitiendo con películas que tienen fortuna de dinero para lanzamientos y con canales de televisión que ocupan las pantallas de una gran parte de la población, entonces bueno, nosotros estamos saliendo en radios chiquitas pero por todos lados, entonces creo que el objetivo un poco es hacer esa batalla.

En la misma entrevista, mencionaste Lucas que cuando participaron en el Festival de Cine Latinoamericano de Rosario, unos chicos del programa “Jóvenes y Memoria” que estaban allí, te dijeron que el caso de Luciano les generaba una sensación de cotidianeidad. ¿Considerás que el film puede contribuir desde un lugar sociológico o transformarse en un documento de defensa de los DD. HH.?

No sé, sí me parece que al menos, desde nuestro lugar como realizadores, nuestra obligación era construir una mirada libre de prejuicios, una mirada que incluso los exhibiera a sus prejuicios, una mirada cercana a los familiares, de las víctimas de desaparición forzada, porque realmente son todas víctimas los familiares, no solamente la persona que desaparece sino todos los familiares y amigos, toda la red de afectos y todas esas relaciones… Cuando desaparece una persona, desaparece para todos, no desaparece sólo para la familia. Y en ese sentido, la potencia de un grupo movilizándose, accionando, exigiendo justicia y respeto por el dolor y por sus propios derechos como personas se vuelve algo tan esencial y a la vez muchas veces tan invisibilizado, que, cuando se lo muestra y directamente se lo construye dentro de una película como relato es muy difícil no identificarse con eso, es muy difícil no darse cuenta que uno es un ser humano tanto como aquellos que están en la película movilizándose y accionando.

En particular, lo sucedido en Rosario, a mi me dio la pauta de que la mirada que habíamos construido estaba muy conectada con la realidad, porque si esos chicos que la estaban viendo, que potencialmente eran Lucianos Arruga, en edad, en aspecto, en estigma, en situación social, y podían verlo y podían cuestionárselo y darse cuenta de lo que estaba ocurriendo en la película, porque era reflejo de lo que pasaba en su propio lugar de residencia y que la labor de los familiares y amigos se volvía una especie de referencia, de faro o de manera de defenderse de esos abusos.

En ese punto yo ya me fui contento, porque cierto valor ya quedó establecido y eso de alguna manera también es ya un pasito distinto para que no vuelva a pasar. Obviamente uno no puede controlarlo y es probable que siga ocurriendo porque se necesitan políticas mucho más profundas de cambio que generalmente son difíciles de aplicar porque es el propio Estado el que está involucrado, el Estado es el desaparecedor, pero a su vez es el que debería proteger, entonces es bien complejo. Entonces, sí la organización, sí la construcción de una pieza audiovisual se transforma en el reflejo de lo que sucede para buscar maneras de protegerse de esos abusos, creo que es una buena herramienta de esta película en particular y de todo el cine social en general.

Ana: Me imagino que según quién utiliza la película, pueden ser ambas. Se pueden de este trabajo, un montón de herramientas que puedan servir sociológicamente para la discusión, el análisis.


En este punto vale detenernos, ya que Ana comienza a relatar una experiencia que vivió en Alemania, en el marco de una maestría de DD. HH. en la cual participaban jóvenes de todo el mundo. En ese espacio, ella proyectó la película, con el temor de que tal vez la temática o las diferencias culturales menguaran la comprensión del film. Sin embargo, para su sorpresa, el documental fue muy bien recibido y provocó reacciones de mucha emoción y empatía entre sus interlocutores, con quienes se generó un debate muy productivo.

Les plantee a los chicos que si la desaparición forzada es un crimen de lesa humanidad, no importa de qué nacionalidad es tu familia, es un crimen de la humanidad. En la película, hay una parte en la que una de las chicas familiares dice que cuando una persona desaparece, desaparece para todos, desaparece para un grupo muy grande de gente, no sólo para la mamá y los hermanos, y en ese sentido, yo creo que la película puede ser trabajada en pos del trabajo de organización de familiares como disparador, en defensa de los derechos que tienen como familiares de un desaparecido, que sobre todo es el derecho a saber la verdad y a que encuentren el estado del desaparecido. Creo que la película tiene esas dos aristas, el camino tradicional, y después está este camino de trabajar con familiares y organizaciones, que es un poco más complejo, y que me parece que cuando uno lo hace, si logra hacerlo de una manera ordenada, en combinación con sociólogos o gente interesada en estudiar esto, puede ser algo muy rico, porque a medida que la vas mostrando, se generan un montón de debates que tienen un montón de ideas para pensar.

“¿Quién mató a mi hermano?” se estrena hoy en cines de Ciudad de Buenos Aires, GBA, Rosario, Córdoba y Mendoza.

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