18 noviembre, 2019

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Joker: porqué ir a verla antes de votar

Joker: porqué ir a verla antes de votar

Por Martina Herreros |  

Tal vez pienses que el análisis de los aspectos cinematográficos de la película esté agotado, y probablemente tengas razón. Por eso, aquí propongo una visión más crítica y política de la cinta de Todd Phillips.

Luego de la publicación de decenas de reseñas sobre esta película en la última semana, es una tarea bastante compleja traer una reflexión nueva al terreno de la crítica meramente cinematográfica. Por esta razón, intentaré brindar una visión que no rondará en las características fílmicas de la obra y se basará eminentemente en un análisis de los aspectos políticos y sociales de la misma.

Entonces, ¿qué decir de “Joker”? Como comentario inicial y tal vez explicativo de la razón de esta reseña, remarcar que su estreno llegó a las salas argentinas en el momento adecuado. ¿Por qué? Porque es una excelente oportunidad de ejercitar y cuestionar, en un espacio lúdico como lo es el cine, nuestras posiciones políticas y nuestro rol como ciudadanos en un contexto como el de la Argentina actual, es decir, un país sumido en una pronunciada crisis institucional, social, política y económica. Aclarado esto, continuemos el recorrido.

En principio, Arthur Fleck, el preludio del Joker, opera no sólo como un psicópata cuyo destino devendrá en el origen del infame villano, sino también como un individuo  socialmente enfermo, es decir, despojado de los derechos más básicos, como un trabajo bien remunerado, un seguro de riesgo o ART, e, incluso, las medicinas que mantienen bajo un equilibrio fragilísimo a su álter ego.

Pero las desgraciadas circunstancias que tienen lugar en la vida de Arthur, no son potestad sólo de él, sino de toda su comunidad: Ciudad Gótica se encuentra gravemente aquejada por una profunda y generalizada anomia social y por las indiferentes políticas públicas de un desafectado Estado neoliberal. Ambos factores han dejado a su población inevitablemente librada a su salvaje y mortal suerte.

¿Cómo no creer entonces, que este ambiente virulento no es el ideal para el surgimiento de una entidad (e identidad) corrosiva como lo es el Joker? Porque cabe mencionar algo: esta es una película de origen de personaje. Aquí, el director nos relata una versión (libre, claro está) del inicio del Guasón como personaje antagónico de Batman, pero no nos brinda sólo eso, sino también el porqué de dicho comienzo, la chispa (aunque en realidad son varias) que origina al monstruo.

Y es que Arthur no fue siempre el payaso criminal que todos conocemos, no. Antes de eso, recorrió un agónico espiral que lo condujo a las profundidades de la locura y el delito. Antes de eso, intentó trabajar en un empleo precarizado, complacer a su perturbada madre y encajar en una insensible sociedad mediante el consumo de múltiples medicamentos psiquiátricos. En fin, intentó.

Con todo esto, no es mi intención justificar a un homicida ni generar empatía con él (de eso ya se encarga magistralmente Phillips), sino tratar de desvelar e interpretar las huellas que el mismo realizador nos ha dejado en toda la cinta, sobre cómo el ambiente social y político es determinante en la conformación psíquica, ética y moral de los sujetos que lo habitan.

Algunas de las metáforas que el enunciador ha dejado sembradas en la trama son sin duda poesía pura: las interminables escaleras que Arthur escala día tras día retratan esa inalcanzable meritocracia que la mayoría de los ciudadanos de Gótica (y por qué no, de Argentina) anhelan con recorrer, sin saber, o tal vez sabiendo, que sin oportunidades reales, ese siempre será un camino estéril. Las toneladas de basura que atestan las calles de la metrópoli representan a su vez, la acumulación de resentimiento y de odio a punto de explotar por parte de los sectores bajos y medios, sometidos a un prepotente gobierno oligárquico, al que también aspira pertenecer Thomas Wayne, quien en la película revela su lado clasista al bautizar a los pobres como “payasos”. Las referencias son muchas más, pero el análisis se volvería interminable.

En este punto, la obra funciona como una inteligente síntesis de la decadencia del contrato social propuesto por Hobbes, Locke y Rousseau hace ya siglos. En “Joker”, ese acuerdo artificial en el que los hombres ceden algunas de sus libertades para protegerse de sí mismos (“El hombre es el lobo del hombre” reza la frase hobbesiana más célebre) se quebranta, y el Estado, instrumento creado para organizar ese pacto, se ha transformado en responsable y  cómplice activo de la génesis de una crisis gravísima.

A partir de este momento, podemos deducir que lo que da vida al Guasón no es un error aleatorio sino la suma de factores psicológicos pero principalmente sociales, que corresponden, en resumidas cuentas, a un Estado y a un gobierno que benefician a las clases poderosas y, a su vez, a una parte de las clases más bajas, al mejor estilo del medio pelo argentino, que enaltecen a estos sectores ricos, y cuyo ejemplo más claro posiblemente sea la madre de Arthur.

En conclusión a todo lo mencionado, el Joker ¿es un villano? Sí, sin lugar a dudas. ¿Es el único? No. El otro gran villano de esta historia no es ni nada más ni nada menos que el mismísimo Estado, y eso es lo más angustiante y peligroso de todo, ya que la institución que debiera velar por los intereses de todos los que lo se someten a ella es la más grande responsable de sus males, al engendrar permanentemente condiciones de desigualdad tan severas que sirven, en última instancia, como caldo de cultivo para el surgimiento de un estadío de violencia y precariedad sin precedentes en Ciudad Gótica.

¿Te suena alguna campana? Si la respuesta es sí, entonces no es necesario que te explique porqué tenés que ir a ver la película. Si nada de lo que leíste llamó particularmente tu atención, te recomiendo que le des una oportunidad al film, ya que tal vez en el momento en que veas la crudeza y, por qué no, la belleza de las imágenes y percibas la tensión de su argumento, esto te sirva para reflexionar el porqué es fundamental tener esta obra presente en nuestras retinas y memorias al momento de votar el 27.

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