29 septiembre, 2020

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El aplauso, el llanto y el reconocimiento

El aplauso, el llanto y el reconocimiento
Photo Credit To Imagen de archivo

Por Hugo Elías | 

Sería injusto si no incluyera en los aplausos el dolor, el llanto que nos provoca el día a día que nos trae compañeros trabajadores de la salud contagiados y fallecidos. El aplauso de nuestro pueblo a los héroes sanitarios no esconde las lágrimas, las contiene. aplaudimos a los argentinos que nos cuidan poniendo en juego su vida hasta el extremo de enfermarse o morir.

Se puso el barbijo, la máscara, la cofia,
el camisolín, los cubre pies,
se calzó los guantes.
Nueve veces se cambió esta noche, el protocolo sanitario manda, nueve veces, nueve pacientes.
Justo antes de entrar a la habitación pasó frente al vidrio del pasillo, vio una silueta irreconocible,
parecía un astronauta, era ella.
No supo si reír o llorar, el cansancio de la noche de guardia confunde los sentires.

La paciente ríe, la vivifica ese montón de tela con ojos, no sabe quién es, si la de la mañana, la de la tarde o la de la noche.
Sabe que es la enfermera de la vida, de su vida, la que se arriesga al contagio de la peste para sanarla. La que le cambia la vida cada vez que entra por la puerta.
Lo que no sabe, o sí, o imagina, que esa mujer cuando se saca esas ropas protectoras queda desnuda con sus miedos, con su grandeza de estar junto al doliente soñando con su cura.

*(fragmento de un escrito propio por el día de la enfermería).

Nuestros aplausos, con lágrimas de tristeza orgullosa también son de reclamo de justicia. Serían falsos nuestros aplausos sino expresáramos nuestra preocupación por el destrato salarial y laboral que hoy sufren muchos compañeros de la salud.

Es inconcebible, que en la salud pública haya salarios que no lleguen a los $40000 mensuales para un profesional de enfermería, con contratos laborales de precarización sin reconocimiento de antigüedad ni estudios terciarios o universitarios.

Que ser de planta permanente llegue a ser objetivo inalcanzable. Que en la salud privada los insumos protectores escasean. Que son cada vez mas los trabajadores, médicos, enfermeros, técnicos, limpieza, administrativos contagiados, aislados que no se reemplazan y los que quedan están exhaustos.

Ilustración, Pablo Candia.

Es sabido que venimos de la destrucción de cuatro años, donde la salud pública dejó de ser de calidad para ser de descarte tirando a la basura la historia sanitaria argentina de ser una de las mas completas al servicio del pueblo. Sacar del pozo a la salud en el medio de una pandemia inclemente desafió al gobierno. Terminó hospitales, compró respiradores, camas de UTI, elementos de protección por millones, puso en funcionamiento ministerios de salud nacional y provinciales como nunca habíamos visto, convenció a la población de cuidarse con el aislamiento y los cuidados con los resultados a la vista, entre los mejores del mundo. No se obnubiló con la acumulación política, privilegió nuestra vida.

Todo esto es cierto, hay que celebrarlo reconocerlo, nuestro sistema de salud destruido fue puesto a prueba y si no es por esta gestión hoy seríamos menos.

No hay dudas de que hay que reformar, con esta riquísima y doliente experiencia, toda la salud pública y privada. Pero lo primero es reconocer a nuestros trabajadores, a los que aplaudimos y lloramos. Por ahí se debe empezar.

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