04 diciembre, 2020

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Cine | Entrevista al director de Una Casa Con 10 Pinos

Cine | Entrevista al director de Una Casa Con 10 Pinos

Por Ariel Guallar |

La brújula de estas escrituras apunta siempre al oeste. Pero su ubicación varía, según desde dónde se mire. Con perspectiva federal, compartimos esta entrevista al director Villamercedino Martín Ochoa, a propósito de su primer largometraje. Una casa con 10 pinos trata sobre un tema aún hoy postergado, acerca del cual hay muchos prejuicios y desinformación: la despenalización del autocultivo, el repudio a la criminalización de los usuarios, y el reconocimiento de las virtudes del cannabis medicinal.

La película cuenta la historia de Vicente, un entrañable jubilado que ayuda a personas que padecen distintas enfermedades y necesitan tratarse con aceite de cannabis. Pero esta solidaridad conlleva sus riesgos, debido a la falta de amparo legal. Con una estética entre road movie y Twin Peaks, el film combina elementos de ficción con problemáticas y actores reales, que pugnan por sus derechos y por una legislación más justa e inclusiva, ya que con la ley vigente se castiga injustamente a los pequeños usuarios y sólo se beneficia el tráfico ilegal a gran escala. Para más información, entrar en la página de Facebook: Una Casa Con 10 Pinos Película.

¿Cómo te decidiste a abordar la problemática del autocultivo y el cannabis medicinal?

Soy militante de ALAPU, que es una organización a favor del autocultivo y la despenalización de la marihuana, en Villa Mercedes, provincia de San Luis. Escuchando los testimonios de familiares con diferentes patologías, de adultos, niños, de diferentes clases sociales, conocí cómo ellos, en la clandestinidad, se esfuerzan por mejorar la calidad de vida. El intercambio de cepas, cómo lograr que la planta dé la flor para poder lograr sus aceites, cómo hacer el aceite, todo eso fue el disparador para construir la historia.

¿Cuáles son las historias detrás de la película?

Hay tantas historias como diferentes patologías. Hay fibromialgia, autismo, epilepsia, personas que tienen decenas de convulsiones diarias, niños que sufren muchísimo. De hecho los chicos y chicas que participan en la película, utilizan aceite (excepto uno que ya no lo usa) para hacer su tratamiento y mejorar su calidad de vida.

¿Qué tal estuvo el rodaje?

La primera etapa del rodaje se hizo en 13 jornadas. Después tuve que esperar para filmar lo del Penal, ya que al pedir un espacio como ese el tema burocrático llega hasta el Ministerio de Seguridad. Desde ahí hasta el Servicio Penitenciario, después hablar con el Alcaide de la cárcel, y más sobre una temática donde la mitad de la población está detenida por tenencia de drogas.

¿Qué onda la filmación con la policía?

En el Penal hicimos una proyección, pero no fue para la población sino para toda la gente que trabaja ahí: carceleros, administrativos, etc. Este es un logro de Matías Vigna, que es el productor de la película, conmigo. Entonces ahí viene el tema de pedir una cárcel: esta es una película autogestionada que no tiene recursos del Estado, y no es tarea sencilla, pero por suerte superamos ese obstáculo.

¿Alguna anécdota que te venga a la memoria?

Anécdotas hay muchas cuando hacés cine autogestionado, de cómo conseguir los recursos, de cómo aplicar después eso. A veces uno piensa las cosas desde un diseño de producción y después tenés algo diferente, más limitado y con eso tenés que construir lo que está escrito, crearlo. El último día de rodaje, que estábamos en un pueblo cercano a San José del Morro, había dejado esa última jornada porque era nocturna y tocaban los 50 Amperes en vivo. El registro de la banda en la ficción es un registro casi documental, porque la banda tocó ahí, no hicieron playback: el sonido era directo. Te imaginás que en esos caseríos la gente está acostumbrada a dormir muy temprano, y de hecho entre los pobladores había uno que había matado un par de personas y tenía muy poco humor… Después el resto son maravillosos, toda la gente del pueblo. Y yo le decía a Matías, quiero que suenen los 50 Amperes en vivo. Me dice, vos estás loco, van a ser las 3 o 4 de la mañana, cómo van a sonar en vivo, aparte es una banda de hard rock. Sí, quiero que suenen, que suenen en vivo. Y lo hicimos. Fue maravilloso, fue alucinante esa noche. En el medio de la montaña, en una casona, porque la adaptamos, ese bar no existe, es un depósito donde filmamos, sacamos todo lo del depósito hacia afuera, ambientamos e hicimos esa escena. Fue un mini-recital para nosotros. Por supuesto, había mucha cerveza esa noche, la pasamos bárbaro. Terminamos de rodar cuando entraron las primeras luces del día.

¿Por qué la película está dedicada a Matías Vigna?

Se  la dedico a Matías Vigna porque es mi amigo, que desde un primer momento me acompañó con esta idea de hacer la película. Él es actor, y era su debut como productor, si bien ha estado en varias películas, y sabe de qué se trata, era su debut. Cuando le mostré el guión, y le conté sobre la idea, de inmediato me dio el apoyo. Y ahí codo a codo fuimos, hasta último momento con la película. Él lamentablemente no pudo ver el proceso de posproducción, porque tuvo un accidente laboral, así que por eso le dedico la película a él, que fue un gran compañero, un gran amigo, esas personas que uno no se olvida nunca, que siempre te van a acompañar toda la vida.

¿Algún proyecto nuevo en marcha o dedicado plenamente a la difusión de la película?

El camino de la autogestión no termina cuando hacés la exhibición, el avant premier, sino que ahí comienza la última etapa, donde vos tenés que salir con la película al hombro, y tratar de llegar a la mayor cantidad de gente posible. Creo que cada película tiene su propio público, y uno tiene que hacer hasta lo imposible por conectar la obra con ese público, que está esperando una obra de esa naturaleza. En este momento acabo de terminar el contrato con Geluk Cinema, que fue la única plataforma que nos dio cabida, la única que nos dio bola y nos apoyó. Todas las demás plataformas nos dieron la espalda, todas las habidas y por haber en Argentina. Muchas que hablan de cine independiente, que les encanta usar un término tan manoseado… Por eso prefiero decir que la película es autogestionada, me quiero correr de todo eso que llaman “cine independiente”, que es solamente para gente snob, y no tengo nada que ver con eso. Tal vez los diseños de producción pueden ser parecidos, pero yo creo que el cine independiente más allá de que vos lo tengas que hacer a pulmón, sin guita, el cine independiente es auténtico cuando vos contás historias que sabés bien que no son historias comerciales, que son historias más arriesgadas, historias que no todo el mundo quiere contar, y no todos quieren escuchar. Ese es el riesgo que va de la mano cuando se habla de cine autogestionado, independiente.

Estoy también con un próximo proyecto, que de hecho es un guión que estaba escrito antes de Una casa con 10 pinos, y me he metido de lleno sobre eso. Por un lado tratar de distribuir la película, y por el otro empezar a preproducir la siguiente.

Una Casa Con 10 Pinos en el 2do Festival “El Parque Paraguayo”

Este viernes 18/09 a las 22hr podrán ver gratuitamente en competencia en la segunda edición del Festival Audiovisual “El Parque Paraguayo”.

El Festival Audiovisual El Parque Paraguayo, es un espacio que propone proyecciones de cine, charlas y talleres de capacitación audiovisual, gratuitos y abiertos a la comunidad.

En este enlace se podrá ver está y otras películas que participan del certamen: FESTIVAL AUDIOVISUAL EL PARQUE PARAGUAYO

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