23 enero, 2021

Staff | Contacto

Sin nombre

Sin nombre

Por Hugo Elías |

Todavía tengo presente ese potente ¡hijos de puta! que le gritaste a los miles de italianos que abuchearon nuestro himno, con bronca, sin llanto. Te recibiste de profesor de historia contemporánea, los del norte rico no te perdonaban tu pueblo napolitano con la excusa de la eliminación deportiva. No se puede defender a los pobres humillando a los ricos con scudettos sin que los poderosos te odien. Es la ley de este capitalismo salvaje.

Los tobillos destrozados, infiltrados para superar el dolor los primeros 45 minutos, con la bronca y la puteada mostraron un nuevo héroe argentino que ayer despedimos y seguiremos despidiendo en varias vidas a lo largo del país.

Todos sabíamos que la multitud popular te quería despedir, sólo algunos despistados no vieron que 10 horas eran pocas y otros tránsfugas violentos uniformados aprovecharon para descargar su odio desclasado. No pasó a mayores por la reacción del gobierno nacional exigiendo el retiro de la policía de la ciudad. La seguridad también es parte de la disputa. Una cosa indiscutible es que no se puede hacer semejante demostración de cariño popular en sólo un día y fue un error del gobierno acceder al pedido familiar. Él era de todos nosotros, el pueblo rebalsa la familia, pone al ídolo fuera del alcance de hijas y esposas. Otra cosa también es indiscutible, la policía de Macri, Bullrich y Rodríguez Larreta sólo sabe pegar y reprimir al pueblo y no está ni educada ni preparada para ordenar el orden público, solo saben pegar y disparar a cuerpos indefensos.

Tranquilo Pelusa, descansá con tus viejos en Bella Vista. Te visitaremos, no estarás solo, seguro las procesiones serán infinitas, montañas de flores, el santuario aparecerá mágicamente, ahí y en tantos otros lugares y en tantas canchas.
La devoción tiene una explicación que por dicha no hay que dejar de profundizar. A la inigualable genialidad con la pelota, a su poderosa presencia a no perder nunca, a su compañerismo en equipo, a bancarse las peores patadas y los dolores, nuestro muchacho de oro sabía de política, tomaba posiciones sin dudar y hacía política aún sabiendo que los poderosos no lo perdonarían.
Siempre peronista cantando la marchita, de Néstor, Cristina y Alberto, “siento a Fidel como mi segundo padre”, su presencia en Mar del Plata “la Argentina es digna echemos a Bush” junto a Chávez, a Evo, a Lula, a Néstor contra el ALCA imperial, fue el único que denunció la corrupción de la FIFA, que aún sigue, y que se la cobraron caro.

–Mi deseo es que pase cuanto antes esta pandemia y que mi Argentina pueda salir adelante. Quiero que todos los argentinos estén bien. Tenemos un país hermoso y confío en que nuestro presidente va a poder sacarnos de este momento. Me da mucha pena cuando veo chicos que no tienen para comer. Yo sé lo que es pasar hambre, sé lo que se siente en la panza cuando no comés por varios días y eso no puede pasar en mi país. Ése es mi deseo: ver a los argentinos felices, con trabajo y comiendo todos los días.
(Revista Gente. 30 de octubre 2020)

Nunca se fue de Fiorito era un villero de ley, famoso, millonario, pero villero de ley.

Donde lo llamaban para defender una causa popular contra la prepotencia del poder ahí estaba, y sabía que su presencia importaba. Su latinoamericanismo fue ejemplar como su antimperialismo y se lo cobraron “cortándole las piernas” entre la FIFA y los yanquis.
Terminó ganando con el pueblo argentino y también, porqué no decirlo, con los pobres del mundo. Las enormes movilizaciones desde el 17 de octubre para acá, con el gobierno que marca la cancha a los que no quieren poner un mango de sus millones, al FMI que ahora reconoce su error al financiar la fuga macrista.
El Pibe de Oro, como le decía Chávez, es nuestro, es del pueblo, tenemos que honrarlo en su deseo, dio todo por nosotros.

No sólo visitas con camisetas, cartas, y flores, llevemos el compromiso de lucha por los últimos, los de mas abajo, los que a veces tienen un agujero en la panza.
Hoy no está, pero ese compromiso lo asumimos frente a él como argentinos maradonianos.

La muerte siempre nos aleja del que se fue, por múltiples razones justificamos, entendemos, desde un afuera lejano a casi todos los que nos dejan. Con algunos no podemos, el dolor nos invade, nos paraliza el pensar, aunque sea un momento, pero ese momento existe, es el momento del o la irremplazable, donde la vida no será la misma, nosotros tampoco, con el Diego nos pasa eso.
La tristeza sigue.

Sumate al cactus

Medio de comunicación autogestivo con noticias locales y de la región.

Artículos relacionados