27 febrero, 2021

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Mujeres en pandemia

Mujeres en pandemia

Por Hugo Elías |

En estos últimos tiempos se cruzan en nuestro país tres ejes que atraviesan toda nuestra actualidad política: la pandemia del Covid 19, la paupérrima realidad económica popular y la lucha triunfante de las mujeres por la ley de la Interrupción Voluntaria del Embarazo.

La promulgación de la IVE es transversal al contexto de la crisis económica profundizada por la inesperada y aún hoy inescrutable pandemia Covid 19. En estas líneas me interesa expresar la presencia de la pandemia y sus consecuencias especiales en la vida de las mujeres.

Hago la salvedad inevitable que lo mío es una mirada de un varón de 69 años en proceso de “deconstrucción” permanente y especialmente los últimos 5 años de estudio con mayoría de compañeras mujeres con edades de mis hijos.

No soy una palabra autorizada, creo que es necesario decir estas cosas, aunque sean repetidas, pero insuficientes, las mujeres sufren desde siempre el patriarcado y la lucha contra él marca la historia. Cada escalón reivindicativo que logran lo tienen que defender como si no existiera, desde el voto, las paridades de género, hasta igual trabajo igual remuneración.

Sin dudas, la pandemia puso las desigualdades sobre la mesa. Aprendimos que el confinamiento, es la primera medida de cuidado ante el posible contagio, pero no es igual para todos. La mujer dejó de trabajar como su marido/novio/compañero, pero sigue haciendo las tareas de cuidado hogareñas y en el 90% de los casos hace el seguimiento escolar de sus hijos. En aras de la salud familiar hay mas trabajo de cuidados sin igualdad de género: los niños, adolescentes e incluso abuelos se referencian en la mujer de la casa. Hay un mayor trabajo de las mujeres en la atención familiar que no es valorado ni social ni económicamente.

Lo mismo sucede en las trabajadoras de la salud, mayoritariamente mujeres, especialmente en enfermería, asistencias técnicas, auxiliares, médicas, mayoría que no se ve relacionada a los puestos directivos de los servicios.

Siguiendo con el trabajo fuera de casa, las mujeres con tareas domésticas familiares quedan sin trabajo y al ser mayoritariamente trabajadoras informales pierden su salario. Lo mismo ocurre en sectores mas formales del comercio o la gastronomía que trabajan con menos personal, es decir, el trabajo se precariza y el salario se destruye.

El encierro dejó mucho más expuestas a las mujeres que sufren de violencia machista, las estadísticas de alertas a la línea 144 así lo confirman. En pandemia la casa es el mundo y la violencia a las mujeres, a las niñas, al entorno familiar lamentablemente se agudizó en este tiempo. En muchos casos, el varón ejerce el poder violento al no poder enfrentar la apremiante realidad exponiendo su debilidad individual sin buscar salidas de lucha colectiva.

El confinamiento obliga a las mujeres a estar con sus maltratadores, el hogar es el lugar mas peligroso y el acceso a los servicios públicos de defensa de las mujeres se ven impedidos muchas veces en tiempos de confinamiento. El acceso a los medios tecnológicos, como botón de pánico, celulares con geolocalización, mensajería silenciosa, comisarías de la mujer con virtualidad las 24 horas, son algunas medidas que deben ser generalizadas en todo el país con personal especializado en agresiones de género.

La mujer no se queda con su maltratador por un oculto deseo, en la gran mayoría de los casos no tiene dónde ir y al mismo tiempo es la responsable de los cuidados de toda su familia. Su ida es el desbarranco del núcleo familiar que será vivido con una culpa insoportable.

Aún así es importante el número de jefas de hogar monoparentales ante la ida del marido y es ahí donde se siente la justeza de las ayudas estatales como el IFE, la AUH, los comedores populares que invariablemente son emprendimientos de mujeres barriales que ven la lucha colectiva como salida solidaria a esta doble pandemia: económica y de salud.

El patriarcado se manifiesta naturalmente como cosa dada, en la desigualdad de las obligaciones que las mujeres asumen ante el núcleo familiar. Al incorporar al trabajo formal externo la responsabilidad del trabajo de los cuidados intrafamiliares tanto en lo laboral como en lo doméstico se debe abordar la corresponsabilidad de la mujer y el hombre, tarea que los gobiernos deben marcar con programas específicos desde y hacia la juventud.

Las empresas que facilitan el teletrabajo a su personal, deben promocionar la flexibilidad que permita a todos los trabajadores de manera igualitaria conciliar las responsabilidades del hogar y del cuidado con las actividades laborales, desde el reconocimiento a la mayor carga de trabajo en las familias que están asumiendo principalmente las mujeres.

Al mismo tiempo el empleador debe garantizar igualdad en la licencias y días francos entre hombres y mujeres para los trabajos de cuidados y seguimiento escolar de los niños. De la misma forma las mujeres no deben ser afectadas en su relación laboral por su condición de madre gestante y criadora buscando la igualdad de responsabilidad del padre con la madre con un rol corresponsable y mas activo del varón que en la actualidad.

Creo que la pandemia encerradora es una buena oportunidad para encarar estos cambios en las parejas y el gobierno a través de su ministerio de la mujer debe orientar popularmente esa tarea.

Un capítulo aparte merece las olvidadas por duplicado, las mujeres migrantes, originarias y de países vecinos, afrodescendientes y del colectivo LGBT, de la ruralidad, que les resulta el doble de difícil acceder a los programas oficiales desde ya insuficientes para todas.

Si la pandemia ha puesto en relieve las aristas mas claras de la desigualdad de género no necesariamente es un tema social predominante. La decisión política del presidente de proponer la ley del IVE y de los Mil días mostró con sabiduría política popular que el aborto, los cuidados y la igualdad de género son de hoy. La contemporalidad de la lucha por la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo con las desigualdades expuestas por la pandemia catapultó la lucha de las mujeres argentinas que con justeza mostraron la transversalidad superadora de oposición y oficialismo.

Hoy esa lucha de años, tiene representación ministerial ejecutiva, parlamentaria, sindical, con herramientas que igualan, y también desafíos que nuestra sociedad patriarcal, vergonzante a veces agresiva otras, seguirá planteando. Con mujeres en todos los ámbitos de la sociedad, educativa, política, laborales, empresarias, en las fuerzas de seguridad y especialmente en aquellas anónimas de los barrios que cocinan para los chicos con sus hijas de pelos multicolores que no tienen vergüenza de estar solas ni tampoco de esperar a ese gordo que cartonea.

Esas chicas defienden a este pueblo, luchando con ellas podemos ganar. Una de ellas hoy cumple 5 años presa, cuando liberemos a Milagro, seremos mas dignos de nuestras mujeres.

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