27 febrero, 2021

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La paciencia colectiva

La paciencia colectiva

Por Hugo Elías | 

Hay un dilema, atravesado por diversas discusiones, sobre la responsabilidad del gobierno de Alberto Fernández en los zigzags que se advierten en nuestro camino hacia la recuperación nacional de nuestro destrozado país y de su empobrecido pueblo.

No voy a usar el facilismo periodístico analítico de los voceros mediáticos del poder económico concentrado que consiste en remitir cualquier decisión gubernamental al resultado de la lucha interna entre el cristinismo y el resto del Frente de Todos.

Hay evidencias, pasadas y recientes, que aniquilan esos razonamientos pueriles. Que en un frente electoral haya diferencias en medidas de gobierno no es ninguna novedad ni asomo de crisis. Lo que sí está claro son los roles que dicha prensa adjudica a cada uno de los supuestos contendientes, la dureza e intransigencia al kirchnerismo y el acuerdismo la búsqueda de consenso al albertismo.

Nada más alejado de la realidad, un ejemplo de dureza: la decisión de declarar a las comunicaciones e Internet un bien público, regular su costo y exigir la PBU, prestación básica universal, para los sectores de bajos ingresos y que la gran mayoría de los argentinos tengan conectividad. A todas luces es una decisión de todo el gobierno y no es cualquier medida, es meterse con el centro del poder en la Argentina.

Volviendo a los reproches por la falta de firmeza y la indecisión del gobierno en algunos aspectos centrales, es preciso identificar cuáles son esos aspectos.

Para quién escribe lo central de hoy es el combate al Covid 19, el control de la pandemia asegurando a vacunación de toda la población.

A renglón seguido, seguido no al lado, la recuperación de la dignidad que la inmensa mayoría popular ha depositado confiadamente en este gobierno. Esto es la complejidad que supera, aunque contiene, los precios inflados de la canasta básica.

Proyectos de vivienda, de economía popular, es educación de calidad desde inicial hasta el acceso a la universidad, es salud pública garantizada por efectores estatales, salarios dignos que no sólo superen la inflación, sino que haya alicientes vacacionales, centros infantiles, desde los sindicatos o los municipios y por supuesto una canasta de alimentación familiar de la calidad que hay en nuestro país, que sabemos es de las mejores del mundo.

En ese camino el hambre debe ser desterrado de inmediato, ahí está el Estado y ya ha demostrado que sabe combatirlo, toda la fuerza ahí.

A otro renglón, también debajo del combate al Covid porque los enfermos y los muertos deben ser cada vez menos, está la generación de empleo, de trabajo de calidad, de la mano del crecimiento económico en todos los órdenes, industrial, servicios, comercios. Esto será producto, en algunos casos simultáneamente, del crecimiento del salario real en los términos arriba expresados. No sólo económico sino de acceso a la mejor educación, a la vivienda y al esparcimiento.

No hay que pensar mucho ni ser economista para saber que los sueldos de los trabajadores van hacia el consumo familiar que es provisto por las grandes, medianas y pequeñas empresas.

Esta es la apuesta del gobierno habida cuenta que neutralizará los aumentos tarifarios familiares y postergará durante 20 años el pago al FMI con 2000 millones de dólares por año desde el 2024.

En esta apretada e imperfecta síntesis no nombramos a los actores principales, por un lado, el Estado y junto a él la organización de las fuerzas sociales de trabajadores movilizadas siendo el sustento político de esta transformación. Digo transformación porque hay que tomar en cuenta, siempre, desde dónde venimos, de la destrucción económica, social, política, judicial jamás sufrida bajo un gobierno democrático.

A esos 4 años nefastos se le suma el 2020 de pandemia y lo que va de este, si encaramos esos objetivos: vencer al Covid, dignificar a nuestras familias empezando por las mas castigadas y crear empleo de calidad que vaya eliminando la informalidad es plantearse la transformación social o peronista, como le guste al lector.

Tarea pendiente: la aparición en las calles con todas sus fuerzas el pueblo trabajador organizado, las organizaciones gremiales, sociales, barriales, que en un enorme colectivo se asuma como sujeto transformador.

No me olvido ni de la justicia corrupta macrista ni de los medios, pero seguro, igual que los grandes empresarios, sabrán adaptarse a las reglas que el Estado, el pueblo organizado, y la dirección del Gobierno vayan consensuando u ordenando. Lo contrario será el ostracismo elitista en algún country.

Gobernar un país riquísimo y esquilmado por generaciones de corruptos ladrones y a veces criminales para transformarlo en el suelo donde vivamos dignamente los 45 millones con proyectos, esperanzas colectivas, gozando nuestras bellezas de norte a sur y de oeste al este, con trabajo, salud, educación, vivienda, es muy difícil y no es de un día para otro, es mucho tiempo y mucho pueblo el que se necesita.
La paciencia con participación colectiva confiando y criticando si es necesario es un acto transformador.

Sumate al cactus

 

 

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