15 abril, 2021

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¿Somos todos Maia?

¿Somos todos Maia?

Por Hugo Elías | 

Claro que no somos todos Maia, hay un abismo cada vez mas hondo entre el subsuelo social donde viven los olvidados, los negados, los escondidos, los que en las encuestas siempre dicen “situación de calle” mas o menos tantos miles o mas, nunca se sabe.

Son las Maia, sus hermanitos, sus madres, sus padres, los despreciados, los despojos que no queremos ver.

De lo que se trata es de hacerse cargo de dónde estamos viviendo, qué país socialmente humano o inhumano compartimos los 45 millones de argentinos. ¿Adónde hemos llegado? Se pregunta una vecina de 90 años, acostumbrada a regalarle galletitas y caramelos a los nenes que piden en la calle.

El tipo que se la llevó, “el secuestrador”, calificado para no incorporarlo a nuestro mundo, separarlo junto a Maia de nuestro universo ignorante del dolor, del hambre, de la mugre casi subhumana, parece que no sabe porqué está preso. ¿Es normal que esa madre descanse en él el cuidado de su hija?, para nosotros, los mas normales del mundo, es un abandono maternal que nunca entenderemos desde nuestro pedestal abismal hacia los de abajo del puente con un mugroso toldo cubriendo otro mugroso colchón. Para ella “Carlitos” le compraba golosinas y llevaba a pasear a Maia.

Como todos hemos visto funcionó la protesta social desde los vecinos reclamantes de la pronta búsqueda con el corte de la autopista, fueron los menos olvidados que querían encontrar esa nena propia olvidada.

Desde esa protesta vecinal que nunca se cortó, que renovaba la concurrencia, que exigió porque Maia era de ellos, una nena merecedora de lo mejor como todos nuestros niños. La cadena nacional de los medios difundió minuto a minuto la búsqueda

Se saltó a la búsqueda con todo el aparato policial de CABA, de la Provincia y de la Nación. La búsqueda coordinada con cámaras, rastrillaje, información, fue acotando el derrotero hacia el oeste restringiendo los márgenes de la fuga o del paseo o del secuestro, nunca lo sabremos. Párrafo aparte el acostumbrado show mediático del cowboy Berni, ampliar en esta nota no se justifica.

A los dos días otros vecinos menos olvidados, allá por un barrio de Luján, formados en la solidaridad popular de este pueblo que no deja de maravillarnos, encontraron a Maia con el aparente débil mental, analfabeto, indocumentado que la llevaba en bicicleta.

La nena estaba bien, según los primeros auxilios y revisaciones, faltan los estudios mas completos físicos y psicológicos.

El tipo también y todos dicen que no sabía que pasaba ni que los estaban buscando. La acostumbrada ausencia social de años nunca le permitió la culpa ni el mal pensar, fue natural llevarse a Maia.

La parábola de búsqueda: denuncia de pérdida, desidia y tardanza ante una miserable madre adicta, corte de autopista y protesta de los vecinos de Villa Lugano durante 2 días, lanzamiento conjunto de las fuerzas policiales, ubicación aproximada, encuentro por vecinos de Lujan a los dos y aviso al 911.

Empezaron los vecinos de Lugano buscándolos y terminaron encontrándolos los vecinos de Luján. En el medio el accionar policial.

Al principio y, probablemente, seguirá un estado ausente, la atención escolar para Maia, su comida caliente, su mamá cuidada y contenida en su adicción, son derechos que tenemos nuestra sociedad debe proveer.

No puede haber en nuestro país un niño abandonado, con hambre, con frío y sin escuela. Ni en la ciudad, ni en el campo, ni en Buenos Aires ni en el interior, ni en la montaña ni en el monte, y menos que menos anidado en nuestra cabeza llena de explicaciones cínicas.

No hace falta mirar lejos ni estudiar mucho, Villa Lugano, Luján, con su humilde gente marcan el camino de la dignidad popular solidaria. Ellos nos interpelan, nos exigen compromiso con los Maias, mirarlos, defenderlos, cuidarlos, son nuestros hermanos.

Cuando como conjunto social, que reclama y exige al Estado políticas para los abandonados sin derechos, y también personalmente nos duelan las tripas al ver, al sentir ese niño, solo en la calle, nos acerquemos y le tendamos la mano.

Ahí seremos un poco Maia.

Sumate al cactus

 

 

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