01 agosto, 2021

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La impunidad

La impunidad

Por Hugo Elías |

Solo la seguridad que nada va a pasar, que todo está permitido, explica que los peores personajes de los últimos tiempos hayan asaltado la democracia, la justicia, la honra de las personas, encarcelado opositores, provocar la muerte de un canciller sin ocultarse y dejando sus huellas a la vista, a la intemperie.

Esa es la muestra fehaciente del poder que detentan los poderosos que permanecen a lo largo de los años arruinando las vidas populares para enriquecerse cada vez mas generando un país a su gusto clasista, oligarca y muchas veces violento hasta llegar a las desapariciones, fusilamientos y cárceles.

Lo dijo el empresario Yabrán cuando le preguntaron qué era el poder y el hombre, uno de los mas ricos de la Argentina, sin dudar contestó: La impunidad.

Desde 1976 los únicos detentadores del neoliberalismo que no fueron impunes han sido los militares terrorista estatales que fueron condenados, y aún lo son, por el NUNCA MAS gritado por millones desde el ’84 a hoy, ahora y siempre.

Los enriquecidos, los megas millonarios que hoy no quieren aportar solidariamente 2 millones de pesos, que ensalzaron, veneraron, defendieron a los asesinos usurpadores de uniformes patrios, nunca juzgados, nunca señalados, siempre indemnes, siempre impunes.

Mientras los magos financieros, dueños de bancos, fondos, oscuras empresas de inversión, nunca, pero nunca, tuvieron que declarar en tribunales, siempre cobijados por jueces cómplices y la ley vergonzante de Entidades Financieras que Martínez de Hoz dictó al calor de las muertes y las desapariciones dictatoriales en 1976.

Así como las luchas populares van jalonando la historia de victorias y derrotas de los pueblos, también la historia de los poderosos está jalonada por su inquebrantable voluntad de explotación, de represiones crueles, y no hay lugar histórico que los justifique, la mentira y los grandes aparatos de difusión ensordecen y apabullan nuestro, a veces, nuestro entendimiento.

Desde siempre han sido impunes, mas o menos evidentes. Hoy, disfrazados de republicanos, teniendo el gobierno nacional, no pudieron con su genio y estatizaron el avasallamiento judicial, el atropello de la mentira y las operaciones periodísticas, el espionaje, persecución y represión a los opositores políticos y sociales, y el mas fabuloso rapiñaje del que se tenga memoria asaltando las arcas nacionales dejando empobrecido a un pueblo que venía disfrutando, con Cristina, un camino de justicia social reconocido mundialmente.

El poder da impunidad, lo saben los poderosos. Los grandes terratenientes agroexportadores, los multimillonarios banqueros, los concesionarios petroleros, mineros, energéticos, industriales alimenticios monopólicos, los dueños de los grandes medios de comunicación, telefonía e Internet, los hipermercados formadores de precios, las multinacionales argentinas y extranjeras escondidas en paraísos fiscales, en suma, los dueños del poder económico del país.

Todos están protegidos por un poder judicial que garantiza a lo largo de los años la impunidad, la no rendición de cuentas de los delitos cometidos. Esto se exacerbó con el ascenso de sus representantes políticos Macrismo, Radicales, Lilitos, al gobierno desde 2015 al 2019.

Fue el aquelarre, la borrachera de llevarse puesta la democracia, la república, los derechos humanos de todos, el robo descarado de 56000 millones de dólares fugados, una deuda similar, perseguir, encarcelar opositores, robarse empresas, falsear contratos del estado en beneficio personal, al mismo tiempo que empobrecieron como nunca a la gran mayoría de argentinos.

Quisieron encarcelar a la figura política mas importante, a Cristina Kirchner, la acusaron de traición a la patria, de robarse un PBI, la citaron a tribunales 8 veces en un día, la acusaron de todo sin nada probatorio. Al mismo tiempo se fabricaban operaciones mediáticas humillantes contra Amado Boudu, Aníbal Fernández, Julio de Vido, Milagro Salas que terminaron encarcelados ilegalmente como otras decenas de menos conocidos.

La investigación de El Destape, Operación Olivos, donde se ve claramente la connivencia de los jueces de Comodoro Py con el gobierno macrista, empieza a destapar esa nauseabunda olla que cocinaron estos tipos con lo peor de la justicia argentina encabezado por la mínima corte de justicia.

La importancia de los hallazgos, que muestra la investigación periodística, no tiene que ensombrecer la importancia de medios independientes, defensores a rajatabla de la verdad y del periodismo honesto que no se inclina ante ningún apriete y se basa en su respeto inclaudicable a sus lectores/escuchas.

Hoy no hay que demostrar los inexistentes delitos de los opositores o de los empresarios que resistieron el ataque macrista. Hoy hay que liberar a los presos por inexistencia de delitos y juicios amañados hasta el infinito.

Las visitas ocultas de jueces a la Casa Rosada o a Olivos son una muestra de la bajeza en la que han caído esos magistrados poniéndose al servicio del peor gobierno desde la recuperación democrática a hoy.

Es necesario extirpar esa casta para empezar a terminar con la impunidad que gozaron hasta ahora, los poderosos, sus políticos y los jueces venales.

Macri es el ejemplo mas acabado de un poderoso que vivió y pretende seguir viviendo fuera de la ley, esquivando juicios, apretando jueces, pagando los estudios de abogados mas importantes especialistas en ocultar trapisondas millonarias, ocultado maniobras en los paraísos fiscales, usando los servicios de inteligencia, los medios y el aparato estatal a su antojo. Ese es su derrotero desde joven hasta hoy, su figura ejemplifica la decadencia tanto de la clase dirigente como de los sectores que la apoyan

El dolor que sufrió nuestro pueblo hoy se ve acrecentado por la pandemia. Los cuidados, la vacunación que no para, la economía nuevamente popular, dan esperanza en medio de la pobreza y los contagios.

De la mano de un periodismo independiente, autogestivo, empezó una respuesta adulta a terminar con la impunidad.

Las herramientas están, las pruebas también, es hora de empezar a juzgar a los que ya no son impunes, sean políticos, empresarios, jueces, fiscales, mínimos o supremos. El gobierno, los buenos jueces y un pueblo vigilante, manos a la obra, desmontar la impunidad es el comienzo de un horizonte reparador ante tanta ignominia.

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