24 enero, 2022

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Ellas

Ellas

Por Hugo Elías | 

La influencia de la participación de la mujer en la vida política, social y económica es determinante de cursos de acción en nuestro país. Hoy no se puede pensar una propuesta o una planificación sin contemplar una perspectiva de género. Seguramente este camino de crecimiento democrático se irá profundizando porque ellas se lo han propuesto y nosotros, los varones, vamos aprendiendo.

Ada se arregla  después de bañarse, se viste y se arregla para salir. Mira a su alrededor donde duermen los chicos y sale con cara de comerse el mundo, linda, elegante, sencilla.  Sube al modesto auto que es empujado por algunos pibes, arrancan rápido, el que maneja es un flaco, va con su barbijo puesto como Ada. La mano masculina se aparta del volante para tomar la suya cariñosamente. En el vacunatorio espera su turno revisando el celular. “Segunda dosis” le dice a la enfermera que ahora sabemos que es Dora, se arremanga y ofrece su brazo para que la vacune.

Dora sale cansada en la mañana oscura, con su barbijo puesto, va pensativa en el colectivo, parece triste, preocupada, pero en realidad es cansancio. Al entrar al pasillo que termina en la sala se encuentra con sus amigas compañeras, ahí revive, el cansancio se transforma en sonrisa que corona su ropa celeste del hospital, cofia y un barbijo oscuro.

Se miran con Ada, esta trasmite con sus ojos la esperanza y la alegría de la segunda dosis, el barbijo obliga a hablarse con los ojos. Dora es una enfermera seria pero ese cruce de dulces miradas con Ada le saca el cansancio y la preocupación del día. *(narrativa extraída de 2 videos de la campaña de vacunación nacional)

Desde chica trabajó en la tele, es famosa, y el éxito fue algo casi normal en su larga carrera de actriz. Solidaria, con convicciones en defensa de lo popular, muy cuidadosa de sus hijos y de su intimidad familiar. El año pasado fue a ver al presidente para tratar de ver qué se podía hacer para ayudar a los actores que no podían actuar por las restricciones de cuarentena en pandemia. Hace unos días la vida la puso a prueba, energúmenos machistas, vergüenza de diputados dijeron que había ido a la residencia presidencial de Olivos a protagonizar un escándalo sexual con el presidente.

Como siempre enfrentó con dignidad este viraje de la vida, la ofenden por ir a pelear por sus compañeros de trabajo, por los actores, por su gremio. No será la única ni la primera ni la última, nuestra historia está llena de laburantes atacados, apresados, asesinados, a ella te tocó la ofensa vil de la degradación machista. Se la bancan y son bandera, no se metan ni con Florencia ni con ninguna, se acabó la prepotencia de la mano de la enorme lucha de las mujeres.

Cuando entré en la sala de Pediatría Oncológica del Hospital Posadas una tristeza dolorosa inigualable me inundó. Ver esos nenes pálidos, peladitos, tristes me pusieron en un planeta tierra desconocido, pero brutalmente real. Era el día del Niño, Mabel me disfrazó de Minion y me llevó a ver a sus “nenes”, los acariciaba, les daba los juguetes, besaba a las mamás, y el dolor triste de esa sala se transformó en una fiesta de risas y olvido.

Tenía un sombrero verde con unos enormes anteojos y una sonrisa cálida para cada uno de sus enfermitos. Para Mabel eran y son “sus” enfermos y su compromiso es acompañarlos hasta la cura o el previsible final. Hay que tener el corazón a flor de piel, no me canso de ver en tu Factbook como bailas con Juancito y tus palabras de despedida a ese peladito que se fue.

Hay que ser muy valiente para ir todos los días a dar tanto amor sin mostrar el dolor que la muerte cercana provoca.

No es cosa de mujeres, es cosa de valientes, lo que hay que entender es que ellas siempre han sido valientes, en la historia de siempre han sido las mujeres que mitigaron el dolor, Mabel lo hace, pero le saca una sonrisa.

A veces parece que fuera una piba, nunca muestra sus 91 años, siempre arreglada, con los ojos mas vivaces del mundo y la perspicacia a flor de labios. Su bastón la acompaña, no la sostiene, en cualquier momento parece que lo deja. Es abrumadoramente joven, está en todas partes, va donde una lucha justa la convoca, sea en su Plaza de Mayo de los jueves, en Barcelona, en Palestina o en la ronda de los miércoles en el Hospital Posadas. Es Nora Cortiñas, Norita, Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora, sobrevuela a los humanos normales con su estela bondadosa de mas de 40 años de lucha, y aterriza donde hay una injusticia. Gustavo, su hijo desaparecido haría lo mismo. Ese dolor inconmensurable se transformó en una fuerza que no para. Claro, es una mujer a la que le arrancaron su hijo pero sigue siendo madre.

Son miles entre los barrios de la Capital y del Gran Buenos Aires, a la mañana temprano salen en grupos a recorrer el barrio buscando refuerzos para el almuerzo. Por lo general son casadas, con hijos, mas de 40 años, curtidas, algo ajadas, nunca cansadas. Son las que cocinan, buscan la mercadería, van al municipio a tramitar más cantidad -la pandemia duplicó la cantidad de vecinos buscando su vianda-. Muchas, la mayoría, no cobran un peso, y las que cobran reciben el salario complementario de $8500. Las cocineras van a las 7 a preparar la comida y son las últimas en irse entrada la tarde.

Si se rompe un cucharón hacen una rifa para comprar uno nuevo, las ollas vienen de los movimientos sociales que están en el lugar, la comida viene del municipio y casi nunca alcanza. La tarea es titánica y el único fruto es ver que una familia pobre hoy va a tener un plato de guiso en la mesa. Las mujeres como la solidaridad barrial nos enseñan por dónde es el camino.

Dedicado a las mujeres que nos enseñan a vivir en comunidad, sin discriminaciones, con amor popular. Aprendamos.

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