04 diciembre, 2022

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La vida que queremos

La vida que queremos

Por Hugo Elías | 

Como consigna de campaña, como convocatoria a la participación es un hallazgo hermosamente humano. Necesitamos otra vida, mejor que la actual llena de pobreza, contagios y pérdidas. Es un deseo que nos abarca a todos, pero, digámoslo, a algunos mas que a otros.

No es lo mismo la angustia ante un virus traicionero dentro de una casa, con comida caliente, con ahorros para subsistir o un trabajo formal y con los hijos bien abrigados y alimentados. Es la angustia ante el futuro incierto dependiente de vacunas cuasi milagrosas.

No es la misma angustia con el hambre de tus chicos, el frío de tu casa, el eterno vacío en los bolsillos. Al virus maldito se le suma la injusticia de los humanos que hace que algunos tengan camiseta y otros anden en cueros.

Nosotros, los que tenemos camiseta, con la vacuna y los cuidados estamos hechos, ellos no.

Viviremos para que los olvidados vivan mejor, esa tiene que ser la vida que queremos, no hay destino sin vida digna para todos.
La desigualdad desde siempre es angustia, tristeza, la injusticia no tiene vacuna, no es un virus, es una construcción social de unos contra otros.

Siempre me interrogué sobre la melancolía de los argentinos, muchos la adjudican a los resabios tangueros de traiciones e infelicidades amorosas. Creo que no va por ahí, es por la permanente injusticia que nos acompaña, inexplicablemente, de la pobreza indignante en un país inmensamente rico.

Dije inexplicablemente y de ahí viene la melancolía, la angustia, esa eterna tristeza que no es tanguera, es fruto de que para nosotros siempre, pero siempre, si el prójimo no anda bien nosotros no podemos disfrutar.

Cómo explicar si no los miles de muertos, desaparecidos, fusilados, humillados, los renunciamientos, la militancia estudiantil, la solidaridad sindical y barrial, todos los que a lo largo de nuestra historia lucharon, y luchan por el otro, por los pobres de toda pobreza, olvidando su bienestar, su vida.

El pueblo argentino, o por lo menos su gran mayoría, no es melancólico, es digno, quiere un país para todos, se avergüenza de no conseguirlo. Es honda y digna vergüenza.

Tenemos que perseguir la vida que queremos para todos, especialmente para los que la vacuna no les quita el virus triste de la miseria.

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