25 septiembre, 2022

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#HistoriaRedonda | Busico: Pasión y trabajo en el paravalanchas

#HistoriaRedonda | Busico: Pasión y trabajo en el paravalanchas

Por Luis “Cacha” Gambino |

El fútbol tiene la particularidad de ir forjando algunos personajes que después nos regala para que se metan en nuestras vidas, nuestros recuerdos. Y lo más maravilloso es que esto pasa en cada barrio, en cada pueblo y en cada cancha. Lógicamente Morón tuvo, tiene y tendrá los suyos. Acá va uno.

Buceando en el arcón de los recuerdos, deambulando con la mente por aquellos años, cuando ir a la cancha era llenarse los ojos de todo lo que te rodeaba, aparece él, que de la nada se vino a la memoria. El personaje en cuestión llevaba el apodo de Busico. Nos hizo ver a los hinchas de aquella época -fines de los sesenta-, que estábamos viviendo algo que nunca más se repetiría.

“Busico”, tal era conocido, era un “fana” del Gallo que vivía en San Miguel pero que aprovechaba cada partido de local para hacerse de unos mangos. Gorro de lana blanco y rojo, marca registrada de esos tiempos, se subía al paravalancha apoyado en la punta del mismo (no faltaban nunca un par de manos amigas para sostener sus piernas). Así él, levantaba con su mano izquierda sus de cajas de turrones para empezar a revolearlos con la derecha a quien lo requería previo pago con la moneda de turno que abarajaba en el aire y luego ponía en su delantal.

Si la venta venía “fulera” arrancaba la arenga que provocaba no enojo sino hilaridad dado el tenor de la misma…”Compren muertos de hambre, son sordos o no tienen plata”, y con esas simples palabras, Busico lograba la reactivación el mercado.

Yo era adolescente y con mi grupo de amigos nos gustaba ver a Busico, saludarlo y sobre todo contemplarlo ahí, en lo alto del paravalancha haciendo lo suyo. Había unido pasión y trabajo, había logrado que su vida transcurra en la cancha. Tras agotar la mercadería, se dedicaba ya a arengar ni bien empezado el partido en el mismo lugar que había ocupado minutos antes, sector de tribunas a la derecha de por ese entonces la platea central. Si el ánimo era bueno, léase Morón en ventaja, repetía la estrategia de ventas en el entretiempo y se juntaba unos pesitos más.

Nunca hizo un curso de ventas, no tenía nociones de marketing, ni era un líder de la oratoria, no necesitaba nada de eso. Con los años de a poco dejó de concurrir al “Viejo Urbano” y en alguna tarde de los ochenta supe cruzarlo y charlar unos minutos con él. El tiempo había pasado y como todo “héroe” de nuestra adolescencia el impacto fue feo. Nunca más lo vi, pero cada tanto, cuando estoy en la cancha, me parece escuchar el eco de su voz viajando en el tiempo y aún retumba en mis oídos su frase mágica. “Compren muertos de hambre…”

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