04 diciembre, 2022

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Cambio de enfoque

Cambio de enfoque

Una operación, un reencuentro, la presencia de los colores, la luz y de los afectos primordiales en la vida de un hombre. 

Por Hugo Elías | 

-Veo los colores más vivos sin lentes.

-Es porque ayer te operaron de cataratas

-No, es porque está Lucía.

Los avances tecnológicos de la oftalmología son asombrosos. Que te reemplacen tu cristalino viejo que nubla tu visión trajinada, amenazando ceguera, por uno nuevo que disipa la nube y la luz aparece esplendorosamente soleada, es una maravilla inesperada.

La luz que se apaga con el tiempo es la de la vista como a este “adulto mayor”.  Hay otra que crece al mismo tiempo, que ilumina por dentro y es una luz ajena, te invade desde afuera, también inesperada y maravillosa.

Desde casi 2 años no veía a Lucía, mi hija más chica, vive en España, la extrañeza justificada por la pandemia amainó la añoranza. Hace 5 meses comenzó una falta de visión desconocida, una nube se interponía entre mis anteojos y la realidad visual, el manejo se hizo cada vez más complicado. Cataratas dijo el primer oculista, lo mismo dijo la segunda, hay que operar. Empecé con las consultas y recurría a mi chofer preferido, mi hijo Mariano, para resolver las idas y vueltas y alguna licencia exquisita culinaria, diabetes aparte, sugeridas por Mariano. Barbijo obligado y ventanillas abiertas, mientras Manuel, el hijo mayor, alentaba los progresos médicos con su circunspección cariñosa. La Susu, compañera de vida, comprobó las excelencias de las operaciones de cataratas por sus relaciones y en Internet. “Te cambia la vida” ambiciosa frase que se repetía, y hoy compruebo azorado, más allá de que la vida es más que la visión.

Fuimos a esperarla a Ezeiza, llegó con su compañero, radiante, emocionada, barbijo, abrazo, llanto contenido.

Empezó la cura, sin aviso, llegó Lucia, con sus ojos alegres luminosos borraba mis oscuras cataratas.

Custodió la operación mirando la puerta del quirófano, secundó a su mamá en marcarme a presión para que cumpla las prescripciones médicas. La Susu es un zaguero implacable, que -no te agaches, – no hagas fuerza, -las gotitas, mientras mascullo: “Ud. es mi dueña, no mi jefa” imitando a García Márquez.

Ese día aparecieron más vivos los colores, pero yo sentí que la luz vívida salía de ella, de nuestro eterno cariño, de su dulzura segura de la firmeza sostenedora que te acaricia.

Tengo la sensación que la operación ya es un éxito, aunque falte más recuperación y el otro ojo.

La luminosidad de mi vida se encendió con su llegada, esta cura a quirófano abierto sacó las eternas cataratas oscuras interiores y me llenó con su colorida risa, sus ojos brillantes y su risa cómplice.

Es verdad, la cirugía de ojos es casi perfecta, te devuelve la luz perdida.

La luz que trasmite Lucía no es la perdida es la encontrada desde sus adentros a los míos, me deja ver más lejos, mucho más lejos, diría hasta casi retazos de verdad, lejos hacia nuestras historias y lejos hacia las que vendrán.

“Soy feliz

Soy un hombre feliz

Y quiero que me perdonen

Por este día

Los muertos de mi felicidad”.

(Sivio Rodríguez)

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