05 diciembre, 2022

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La impunidad del odio

La impunidad del odio

El desarrollo de las investigaciones sobre el intento de asesinato de la vicepresidenta de la Nación, mas allá de la precariedad sesgada antiperonista del poder judicial, obliga a reflexionar sobre nuestro sistema democrático actual.

“Se rompió el pacto democrático” dijo Cristina sobre la base que desde la recuperación de la democracia en 1983 la violencia política estaba desterrada.

¿Porqué llegamos hasta aquí, cuales son las condiciones políticas, sociales, morales, económicas que allanaron el camino de tamaño retroceso? Hablo de que nuestro sistema democrático parece haber naturalizado el intento del asesinato de una líder política institucional orgánica, la vicepresidenta. Primero se habló de loquitos sueltos, hasta se llegó a dudar del hecho como si fuera una actuación, ahora le niegan las implicancias políticas evidentes.

No se puede esconder que se han generado grupos terroristas que se sienten expresión de sectores políticos que usufructúan los mecanismos democráticos. Se trata de saber porqué estos grupos aparecen, qué los alimenta, quienes y cuales son sus fines. Sin duda la democracia les permitió su existencia brindándoles impunidad a su odio y a sus métodos violentos.

No basta con imponerles la ley llegando hasta sus mentores intelectuales directos, es preciso bucear en nuestra sociedad el germen de esa violencia capaz de llegar a un magnicidio con consecuencias imprevisibles, pero seguramente horrorosas.

En estos casi cuarenta años de recuperación democrática hay resortes que se han ido desgastando como defensores del sistema.

La incapacidad de fundar cimientos económicos que privilegien el bienestar de las mayorías populares ante la histórica voracidad empresaria, liberal para explotar y estatista para robar.

La degradación de la libertad de expresión a favor de los grandes monopolios mediáticos fabricantes de escenarios falsos, mentiras infames sobre los líderes populares, imponiendo un relato a la sociedad sembrando hastío, individualismo y desesperanza.

Un poder judicial desprestigiado, delincuencial protector de los grandes intereses económicos, perseguidor hasta la cárcel de representantes políticos, sindicales, manipulador de las leyes desnudando impudicia ilegal amparados por la derecha política. La derechización pronunciada del PRO, la UCR y la Coalición Cívica seguida de los ultraderechistas de Avanza Libertad son la cobertura política de este frente antipopular de grandes empresarios, medios de comunicación y jueces. No sería justo olvidar la ayuda de sectores “populares” como el menemismo y la alianza de De la Rúa en la formación de este frente.

Hoy estamos frente a un panorama grave, peligroso, en cuanto a valores democráticos comunes al conjunto social. La democracia se ha degradado principalmente por el accionar depredador de ese frente, económico, mediático, judicial, político.

La ausencia de un horizonte reparador de los ingresos populares degradados por los saqueos macristas, la pandemia, la guerra europea y la constante voracidad empresaria es caldo de cultivo para este terrorismo. La inacción del gobierno del Frente de Todos paralizado en sus intentos de diálogo con los buitres de nuestro capitalismo que nunca dialogan también aporta al discurso de la violencia terrorista. Proclaman su rechazo a la pobreza, a la miseria, a la corrupción de la política del gobierno, al peronismo en su totalidad, sin otro argumento o propuesta que la eliminación del frente popular.

Frente hoy expresado en el gobierno del Frente de Todos, en los movimientos populares, gremiales, pequeños y medianos empresarios, movimientos sociales, de DDHH, feministas, transversales, defensores de las diversidades, de los pueblos originarios, defensores nuestra soberanía y también de nuestro ambiente. La violencia magnicida se propone la explosión de ese frente que hoy no logra amalgamarse, pero sin duda tiene los cojones democráticos para enfrentar el desafío.

La impunidad del odio, la violencia asesina, su cobertura mediática y política, es el primer paso hacia la precarización democrática, hacia la vigencia dictatorial disfrazada por elecciones fraudulentas. Son los enemigos del pueblo en acción con sus puntas de lanzas que provocan y destilan odio.

Profundización democrática con amplia participación del pueblo y sus organizaciones, resolución hacia los intereses económicos del pueblo con la postergación de la avaricia empresarial inflacionaria, denuncia permanente de las ilegalidades de la corruptela judicial, generación de la comunicación popular como instrumento de lucha contra manipulación de los hechos y de las ideas, juicio y castigo a los terroristas y a sus promotores políticos. No dejemos que la gravedad actual nos paralice ni tampoco la ignoremos.

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