03 marzo, 2024

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Un paseo por la literatura: Entrevista a Martha Campobello

Un paseo por la literatura: Entrevista a Martha Campobello

Por Ariel Guallar |

La primera vez que la escuché fue durante un examen final de Literatura Italiana. Yo pensaba en Dante, Bocaccio, Dino Buzzatti, mientras ella le preguntaba a una alumna sobre una tal Sor Juana Inés de la Cruz. Algo captó mi atención; ese día intercambiamos breves palabras. Pocos años después fue mi profesora de Literatura Argentina y Literatura Latinoamericana. En esas clases con la profe Martha Campobello aprendí muchas cosas y profundicé en tantas otras. Su claridad y precisión, acompañadas de una gran calidez humana, me revelaron autores y obras bajo una perspectiva diferente, minuciosa y organizada. Junto con la profe Cynthia Callegari (su inseparable colega en ambas materias), y a un privilegiado grupito de estudiantes, disfrutamos las mañanas en la Universidad de Morón, largas horas de investigar cómo funciona el misterio literario, de qué manera el lenguaje intenta reflejar el dilema de la existencia. Pero ojo, también nos reíamos bastante: el humor estaba a la orden del día. Pasado un tiempo de esa época, tenía ganas de hacerle algunas preguntas a Martha, y revivir algo de aquellos buenos encuentros con la literatura.  

 

¿Cuál es tu primer recuerdo con la lectura?

Mi primer recuerdo con la lectura me conecta con la aventura: creo que tenía 8 o 9 años, era fanática de las novelas de Emilio Salgari y su personaje de Sandokán. Si bien antes, en la temprana infancia, el contacto era con los libros infantiles, los relatos de Salgari marcaron una fascinación especial por la lectura.

¿Atesorás algún libro de la infancia?

Justamente atesoro algunos de esos relatos de Salgari: Sandokán, el tigre de la Malasia, de la colección Robin Hood.

Entre la adolescencia y la juventud, ¿descubriste escritores que todavía leas?

Sí, por supuesto: descubrí a Edgar Allan Poe, a Shakespeare, a Cortázar, a Hemingway, y siempre los tengo presentes.

¿Cómo fue que decidiste seguir la carrera de Letras?

Decidí seguir Letras en la universidad cuando estaba en segundo año de la escuela secundaria. Un poco por mi pasión por la lectura pero también porque tuve una excelente profesora de Lengua que nos hizo conocer grandes autores y analizar los posibles sentidos, ver qué podíamos interpretar nosotros, y el placer de esas clases me decidió a estudiar Letras.

¿Recordás especialmente a algún profe?

La profesora que acabo de nombrar, Mirta es su nombre. También cursé con ella en tercer año y fue genial. Todavía la recuerdo con mucho afecto.

¿Qué puede hacer un docente hoy para interesar a sus estudiantes en la literatura?

Creo que el docente debe despertarles el amor a la lectura en la medida en que sientan que la literatura los ayuda a pensar en sus vidas, en ellos mismos, en su realidad. Que puedan conectarla con algo propio. De hecho, los estudiantes descubren esa magia y disfrutan cuando se sienten interpelados por las lecturas. Es una experiencia maravillosa poder compartir eso con los chicos y las chicas.

¿Dos libros que recomendarías para alguien que empieza a leer?

¡Qué difícil! Los cuentos de Poe, y La sombra del viento, de Zafón, pero es muy relativo.

¿Seguís pensando en literatura durante tu vida cotidiana?

Siempre pienso en la literatura porque además de que trabajo con ella, hay situaciones en la vida que me remiten a lo leído y a frases que me resuenan y a circunstancias vitales que me atraviesan. Por ejemplo, en una situación de duelo que me toca atravesar no puedo desprenderme del final de la estirpe de Cien años de soledad. Hay poemas de Borges, pienso en el “Poema de los dones”, que reverbera en la memoria y nos sitúa frente a las ironías trágicas, a las contradicciones que todos vivimos y que son parte de la condición humana universal. La literatura habla de eso y cada uno lo percibe desde sus propias experiencias, que son intransferibles y dotan de sentido a lo que leemos.

¿Tenés algún libro o autor favorito, al que regreses una y otra vez a través del tiempo?

El Quijote, García Márquez, Borges. Porque vuelvo a encontrar en ellos resonancias que me conectan con la condición humana y me encuentro a mí misma en frases, tonos, situaciones, pero no soy original en esto, creo que nos pasa a todos con la literatura.

¿Identificás temas o formas recurrentes en la literatura actual? ¿Hacia dónde crees que se dirige la literatura latinoamericana?

Hay una gran variedad de autores, temas, y formas en la literatura latinoamericana actual. Sin embargo, la preocupación por la violencia en sus múltiples configuraciones parece ser una constante. Y, en cuanto a la forma, la disrupción, justamente la crisis de los formatos tradicionales. Hace un tiempo que estoy trabajando en la problemática de la violencia en la literatura latinoamericana, tema constitutivo, fundante, que estoy enfocando a partir de los diferentes abordajes que las escritoras le dan a esta temática.

No sé hacia dónde va la literatura latinoamericana actual. Es demasiado amplia, heterogénea como para aventurar una respuesta.  Lo que se ve como emergente es  la materialidad de una escritura que no calla, que batalla contra fuerzas hegemónicas y que pone en evidencia esa violencia en el uso del lenguaje, en la ruptura con las formas tradicionales, el cruce de géneros, la disrupción. Pienso, por ejemplo, en los textos de la escritora ecuatoriana Mónica Ojeda y, por supuesto, en la permanencia de Roberto Bolaño.

¿Cuál fue el último escritor o escritora que te sorprendió?

Pablo Montoya, escritor colombiano, excelente, que conjuga el trabajo académico con una escritura refinada que atraviesa la problemática de la violencia en el mundo actual.

Claudia Salazar Jiménez, peruana, y su novela La sangre de la aurora, en que da voz a diferentes personajes para narrar la violencia política, social, doméstica sobre las mujeres.

¿En qué andan tus lecturas hoy?

En este momento estoy leyendo a la escritora cubana Dainerys Machado Vento y sus relatos sobre la vida cotidiana en La Habana, Cuba, enmarcada en la poética del desencanto. Me interesa no sólo la visión del espacio, que va en consonancia con otros escritores cubanos como Abilio Estévez, Antonio José Ponte. A través de la metáfora de la ruina y las diferentes configuraciones del desencanto se muestran las derivas de una utopía que no fue, de una esperanza de cambio que se perdió en el fracaso. Las generaciones jóvenes abren la puerta a otras cuestiones: el exilio, el insilio, las relaciones conflictivas con el espacio tanto dentro como fuera de la isla. Me interesa también la narrativa de otra escritora cubana, Ena Lucía Portela.

¿Escribís?

No escribo ficción, escribo crítica literaria. En los últimos años me centré en la problemática de la violencia ya sea desde una mirada política, implicada por acontecimientos históricos frente a los cuales es necesario hacer memoria, ya sea, desde una mirada desde los espacios íntimos, privados, donde la violencia forma parte de la vida cotidiana y es la resultante de una estructura de opresión patriarcal sobre la cual se funda la diferencia de género. En esta línea estuve trabajando textos de Claudia Salazar Jiménez, Mónica Ojeda, Claudia Ulloa Donoso, entre otras escritoras.

¿Hay magia en la literatura?

Por supuesto, la literatura siempre nos invita a viajar y uno no sabe qué va a encontrar del otro lado y esos descubrimientos son mágicos.

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