
“La designación del jefe del Estado Mayor del Ejército, Carlos Alberto Presti, como ministro de Defensa implica una militarización de la política y una politización de las fuerzas armadas que refuerza la dependencia con Estados Unidos”, aseguran desde la organización.
Un nombramiento como símbolo de época. Con la designación del teniente general Presti en lugar de Luis Petri, Milei plantó su escenario y su mirada respecto al Gabinete, que lo acompañará en el segundo tramo de su gobierno. Además, selló a fuego de qué lado de la mecha de los Derechos Humanos se posiciona la actual gestión. Inédito en más de 40 años de democracia.
El comunicado de la Oficina del Presidente fue elocuente: “El actual Jefe del Estado Mayor General del Ejército, el Teniente General Carlos Alberto Presti, dejará su cargo para asumir como el nuevo Ministro de Defensa. Por primera vez desde el regreso de la democracia, una persona con intachable carrera militar que ha llegado al más alto rango en su escalafón estará al frente del Ministerio que está encargado de la defensa nacional y de las Fuerzas Armadas, inaugurando una tradición que esperamos que la dirigencia política continúe de aquí en adelante y dando por finalizado la demonización de nuestros oficiales, suboficiales y soldados“.
Sobre esto, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) advirtió: “La designación del jefe del Estado Mayor del Ejército, Carlos Alberto Presti, como Ministro de Defensa debe ser leída por sus consecuencias dentro y fuera del país, política interna y externa, dos niveles que están directamente entrelazados: por un lado, militarización de la política y, por otro, de politización de las fuerzas armadas que refuerza la dependencia consentida con Estados Unidos”.
El nombramiento es también un símbolo de estos tiempos.
Las Fuerzas Armadas no fueron demonizadas, como sostiene el gobierno, sino que hace casi 50 años orquestaron un plan criminal contra la sociedad tras haber ocupado el poder de manera ilegal.
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Este caso lleva a un nuevo nivel la tendencia de este gobierno a designar militares en puestos clave. Esta impronta imprime un carácter belicista y militar a áreas de gobierno que demandan una lógica política y civil.
“A pocos meses de cumplirse 50 años del golpe militar de 1976, el gobierno anunció la designación afirmando que la ‘demonización’ de las fuerzas armadas debe terminar. El nombramiento se vuelve también un símbolo de estos tiempos. Es necesario insistir en que las Fuerzas Armadas no fueron demonizadas, sino que hace casi 50 años orquestaron un plan criminal contra la sociedad argentina luego de haber ocupado el poder de manera ilegal. La gravedad de esta designación se subraya con esta retórica revisionista, que marca el reingreso de un militar como ministro”, afirmaron desde el CELS.

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