
Este 28 de diciembre se cumplieron 31 años de la aprobación de la ley provincial 11.610, que además permitió la creación de los municipios de Hurlingham e Ituzaingó. La medida, impulsada durante la gobernación de Eduardo Duhalde, redefinió el mapa político del oeste.
El trasfondo de la división del viejo Morón estuvo atravesado por una fuerte interna del peronismo en los años noventa, entre el presidente Carlos Menem y el gobernador Eduardo Duhalde. El oriundo de Banfield buscaba recortar el liderazgo menemista en el conurbano y Morón era gobernado por un alfíl del riojano por aquellos años: Juan Carlos Roussellot. En ese contexto surgieron distintos proyectos legislativos, entre ellos el denominado “Génesis 2000”, impulsado por el diputado Carlos Álvarez, que pretendía la división de al menos diez municipios de los que finalmente solo fueron alcanzados cuatro.
En su artículo 1°, la Ley N° 11.610 establecía de manera explícita: “Créanse sobre el territorio perteneciente al actual Partido de Morón los nuevos Municipios que se denominarán Hurlingham e Ituzaingó. Estos nuevos distritos formarán parte del conurbano bonaerense”.
Si bien la división se concretó en aquellos años, las ideas autonomistas no eran nuevas. En Hurlingham y en Ituzaingó existían desde hacía décadas movimientos vecinales que reclamaban la administración propia de sus territorios. En el caso de Hurlingham, la Asociación Pro Autonomía había sido fundada en 1958, con una activa militancia comunitaria que incluso tuvo como vocero al periódico El Progreso, de la familia Pluda, que sostenía la autonomía como un derecho ciudadano y una forma de “mayoría de edad” política.
En Ituzaingó, la lucha autonomista se remontaba aún más atrás, con iniciativas desde 1947, luego retomadas en distintos momentos a través de la Asociación para la Autonomía de Ituzaingó (APAI).
Durante décadas, esos proyectos ingresaron sin éxito a la Legislatura bonaerense, atravesando gobiernos democráticos y militares. Sin embargo, el contexto político de mediados de los noventa lo terminó habilitando como una forma de reordenar el poder territorial y de debilitar a dirigentes municipales que funcionaban como contrapeso frente al gobierno provincial y la conducción del PJ.
La división coincidió con elecciones municipales en 1995 que no cumplieron las expectativas de los sectores vecinalistas, que imaginaban que distritos más pequeños favorecerían el surgimiento de fuerzas locales por fuera de los grandes partidos nacionales. Por el contrario, en los tres municipios el triunfo fue del justicialismo.
En Hurlingham resultó electo Juan José Álvarez, con cerca del 49 % de los votos, mientras que en Ituzaingó se impuso Alberto Descalzo, con un 46,5 %. En Morón, el 10 de diciembre de 1995, reasumió el menemista Juan Carlos Rousselot, reelecto por tercera vez consecutiva como intendente.
La nueva configuración territorial dejó al antiguo Morón reducido a la mitad, tanto en extensión, hasta entonces de 132 km², como en población. En paralelo, Hurlingham e Ituzaingó iniciaban su etapa fundacional, enfrentando desafíos propios de fin de siglo: deterioro ambiental, saturación de servicios, crecimiento urbano desordenado e inequidad social, en un contexto económico que comenzaba a mostrar signos de agotamiento.
A más de tres décadas de aquel hito, la división del viejo partido de Morón sigue siendo un punto de inflexión en la historia política, social y urbana del oeste. Marcó el inicio de una nueva etapa para tres municipios que, aunque comparten un pasado común, construyen desde entonces identidades propias.
Con información del Instituto y Archivo Histórico Municipal de Morón
Foto: Tapa periódico La Opinión

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