27 julio, 2026

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El sueldo no alcanza: más de la mitad de los hogares se endeuda y no llega a fin de mes

El sueldo no alcanza: más de la mitad de los hogares se endeuda y no llega a fin de mes

Un estudio a nivel nacional de la Consultora Zentrix durante marzo reveló el deterioro de los ingresos en la vida cotidiana durante la Era Milei: el 56,4% de los hogares tomó deuda en los últimos seis meses y más de la mitad no logra llegar al día 20 de cada mes.

Según el Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora casi 9 de cada 10 hogares endeudados ya presentan dificultades para afrontar esos compromisos. Lejos de destinarse a inversiones o mejoras, el crédito se utiliza principalmente para cubrir gastos básicos, pagar tarjetas, servicios, alquileres o cancelar otras deudas. En paralelo, el 83,9% de la población asegura que su salario no le gana a la inflación, lo que profundiza el desfasaje entre ingresos y costo de vida.

Son datos que describen un cambio profundo en el rol del crédito: dejó de ser una herramienta financiera para convertirse en un mecanismo de subsistencia.

El fenómeno no aparece de forma aislada. Más del 53% de la población se percibe como parte de la clase baja, una autopercepción que refleja una experiencia económica concreta atravesada por la pérdida de poder adquisitivo. En ese contexto, cerca de 6 de cada 10 argentinos califican la situación del país como mala o muy mala, consolidando un clima de fragilidad social extendida.

El endeudamiento, entonces, deja de ser excepcional y pasa a formar parte de la rutina. Cuando el ingreso no alcanza, el crédito cubre la diferencia; pero a medida que se acumula, aparecen los problemas de pago. Esta lógica, repetida en amplios sectores, explica por qué el nivel de incumplimiento es tan elevado: no responde a un hecho puntual, sino a un uso sostenido del crédito como sustituto del ingreso.

Los datos sobre el destino de esos préstamos refuerzan esta lectura. La mayoría se destina a consumo cotidiano, lo que implica que las familias no solo enfrentan dificultades en el presente, sino que también comprometen ingresos futuros para sostener gastos actuales. En términos sociales, esto configura un escenario donde la vulnerabilidad deja de ser transitoria y pasa a estructurar la economía de los hogares.

En paralelo, también crece la desconfianza en las estadísticas oficiales. El 65,8% de la población considera que la inflación informada por el INDEC no refleja la realidad que percibe en su vida diaria. La distancia entre el dato técnico y la experiencia concreta se profundiza cuando los salarios pierden poder adquisitivo y no logran recomponerse.

Esta brecha no solo afecta la credibilidad del índice, sino también su función como referencia para la actualización salarial. Cuando el número oficial no mejora la capacidad de compra, se debilita su legitimidad social. A esto se suman cuestionamientos sobre la representación de las canastas de consumo y posibles injerencias políticas, lo que refuerza la percepción de una medición alejada de la realidad cotidiana.

En este escenario económico, también se registran impactos en el plano político. La imagen del presidente Javier Milei mostró un deterioro en marzo: la desaprobación alcanzó el 53,3%, mientras que la aprobación se ubicó en el 38,5%. La evaluación negativa aparece directamente vinculada a la situación material de los hogares y al impacto del ajuste en la vida diaria.

El estudio, basado en 1.198 casos a nivel nacional, refleja un patrón claro: caída del poder adquisitivo, dificultad para sostener el consumo, endeudamiento creciente y problemas de pago. Un circuito que ya no es marginal, sino mayoritario, y que redefine la economía cotidiana de millones de argentinos.

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