
Por Mariela Canali |
Propietarios de grandes terrenos hacia mediados del Siglo XIX, tienen una llamativa ligazón con la localidad de El Palomar que vincula al Hospital Posadas, a la última dictadura y al padre del neoliberalismo en su versión nacional.
La familia Martínez de Hoz forma parte de una corriente migratoria que llegó a estas tierras a reforzar la presencia borbónica con la creación del Virreinato del Río de la Plata. Provenientes del norte de España en la segunda mitad del siglo XVIII se asentaron en el puerto de Buenos Aires y se dedicaron al comercio. Junto a otras familias que se dedicaban al rubro, formaron una aristocracia que entre sus inversiones compraban tierras.
En ese contexto, en 1861 adquieren una propiedad que era de Josefa Peña. Los terrenos ubicados en el partido de Morón, eran linderos a otra finca propiedad de los Ramos Mejía. Un punto que vale aclarar es que son familias propietarias de tierras que no tenían un gran valor económico, o sea, hacían inversiones en un territorio sumamente barato, por eso la extensión era tan amplia.
Si nos queremos ubicar en términos actuales, la propiedad se extendía desde lo que hoy es el Hospital Posadas, el barrio Carlos Gardel y el actual barrio Martínez de Hoz, en una franja que se extiende aproximadamente hasta la actual calle Chubut.
Según lo que cuentan los vecinos de la época era un monte de Eucaliptus que no estaba ni tapiado, ni alambrado. Es más, quienes vivían cerca iban a juntar leña, a cortar pasto para las vacas y lo llamaban “el monte Martínez de Hoz”. Era la zona de paso hacia Palomar. Lo que hoy conocemos como la avenida Marconi en los antiguos planos aparece como el camino de la Tropa, porque iba el ganado caminando hacia el Mercado de Liniers. Todo esto previo a la construcción del Hospital Posadas.

Justamente respecto al Posadas, hacia fines de la década de 1940 esos terrenos habían sido vendidos por los Martínez de Hoz a una familia japonesa que cultivaba orquídeas. En 1950 el gobierno peronista expropia esas tierras para la construcción de un instituto que se dedicaría en principio al estudio de enfermedades pulmonares. Luego llegó el golpe del 55, en el 57 las instalaciones fueron transferidas a la órbita del Estado Nacional y finalmente en el 58 fue inaugurado como Instituto Nacional del Tórax, bajo el gobierno de facto del Gral. Pedro Eugenio Aramburu.
Volviendo a aquella familia comerciante aristocrática. El 24 de marzo de 1976 nuevamente se instaura una dictadura militar y José Alfredo Martínez de Hoz fue el Ministro de Economía durante todo el gobierno de Jorge Rafael Videla. Vaya paradojas de la historia (o no tanto), en el Hospital Posadas funcionó el Centro Clandestino de Detención El Chalet, donde se cometieron todo tipo de torturas y atrocidades.
El plan económico implementado por Martínez de Hoz durante el gobierno de facto consagró una libertad de mercado que regía la economía sin ninguna intervención estatal. Para esto se liberaron las importaciones y la competencia de productos extranjeros, entre otras variables, contribuyó al deterioro de la producción nacional y la posterior desindustrialización. Es el padre de la deuda externa y la dolarización. Que el argentino hoy se preocupe por ahorrar en dólares viene de esa época, antes no existía esa concepción. La dolarización de las propiedades, por ejemplo, fue su gran “regalo”.
Otra vez en El Palomar, surge un dato curioso respecto a la ex Sociedad de Fomento Martínez de Hoz, que existía en esa zona hacia 1949. Nacida en el barrio que lleva el nombre de los antiguos propietarios, desarrolló sus actividades durante más de 40 años. Fue entonces que sus socios, advertidos de las atrocidades ocurridas durante la dictadura, realizaron una asamblea el 17 de agosto del 1983, previo al retorno de la democracia y decidieron cambiar el nombre de la institución.
La nueva denominación propuesta sería Sociedad de Fomento 17 de agosto, por la fecha que recuerda el paso a la inmortalidad del General San Martín. Los miembros solicitan el cambio a la Municipalidad y en 1984 ya bajo un régimen democrático (en Morón fue electo Norberto García Silva) se aprobó el pedido. Sin dudas podemos considerarlo como una pequeña, pero muy simbólica, manifestación del ejercicio de ciudadanía para remover un apellido ligado a lo más nefasto, aun cuando las heridas todavía estaban abiertas.

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