
El titular de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), Guillermo Torremare, dialogó con Cambio de Frente (Radio Pública del Oeste / FM Fribuay) sobre la postura que el gobierno de Milei intenta instalar respecto a la última dictadura cívico-militar.
– Hemos visto diferentes expresiones del gobierno nacional desde Milei, pasando por Villarruel, los diputados que visitan represores en Ezeiza y demás. ¿creés que estamos en manos de negacionistas, colaboracionistas, ambas cosas?
Son ambas cosas, pero hay personas que directamente reivindican la dictadura militar y la apología del crimen es un delito que está tipificado en nuestro Código Penal desde hace más de 100 años y que consiste en elogiar, alabar, ensalzar, reivindicar, defender la comisión de un delito o a la persona de su autor. Todo aquel que esté de cualquier manera reivindicando la dictadura militar o el terrorismo de Estado está incurso en la comisión de este delito. Nosotros la verdad que nunca nos explicamos por qué los fiscales no actúan con celeridad y de oficio frente a tantas expresiones públicas que reivindican.
– Además, con un camino más de cuatro décadas recorrido por las organizaciones, con tantos juicios realizados y todo un proceso reparatorio que es ejemplo en el mundo.
Desconocer lo que fue el terrorismo de Estado en la Argentina contradice la verdad histórica que ha sido comprobada en más de 300 sentencias judiciales. Ha habido más de 1200 personas que han sido condenadas a penas muy severas por graves delitos de lesa humanidad. Hay 300 causas en este momento que están en trámite.
Negar las atrocidades de la dictadura es negar la verdad histórica y por otro lado, por supuesto, es agraviar la conciencia de las víctimas, la memoria de las víctimas, la conciencia de sus familiares, del Movimiento de Derechos Humanos en particular y yo diría de toda la sociedad que fue en definitiva víctima del terrorismo de Estado.
– Decías que la apología del crimen es un delito, cosa que no ocurre con el negacionismo
El negacionismo en nuestro país no tiene una ley que sancione, pero sí está expresamente previsto en tres tratados internacionales de Derechos Humanos que están incorporados a nuestra Constitución Nacional. Tres tratados que ponen en cabeza del Estado Nacional la obligación de investigar, juzgar, sancionar, reparar y dar garantías de no repetición, todo ello en referencia al terrorismo de Estado y a las graves violaciones a los Derechos Humanos que ocurrían durante la dictadura entre 1976 y 1983. Desde el momento en que el Estado tiene esa obligación, lo que nosotros decimos es que todo funcionario tiene que asumir esa obligación. No puede haber un funcionario público negacionista en la Argentina porque estaría contrariando el mandato que la Constitución le impone.
– El caso más concreto es el ministro de Justicia, Mariano Cúneo Libarona, su estudio jurídico defendió represores.
Ahí se plantea otra cuestión. Nosotros lo que sostenemos, por supuesto, es que todos los represores que sean enjuiciados tienen el derecho de defensa que le otorga también la Constitución Nacional y las leyes procesales argentinas. Así que nos parece muy bien que sean defendidos, nos parece muy bien que si no se comprueba su participación en el plan criminal sean absueltos. De hecho, hay un porcentaje que ronda entre el 12 y el 15% de represores enjuiciados que son absueltos. Ahora, la verdad es que un funcionario importante de un gobierno democrático que jura defender la Constitución y que defiende genocidas que pueden ser responsabilizados, hay una contradicción importante, sin duda.
– Que en este momento la Argentina esté gobernada por negacionistas no necesariamente quiere decir que la sociedad lo sea.
Creo que esta expresión política que ganó las elecciones no la ganó por tener una mirada negacionista, la ganó por una inmensa cantidad de circunstancias y de cuestiones ajenas a esto. La sociedad cuando ha debido pronunciarse en este tipo de cuestiones, lo ha hecho de manera unívoca a favor del proceso de memoria, verdad y justicia. Hay muchísimos casos, si hablamos de las inmensas expresiones populares de cada 24 de marzo o aquella expresión espontánea cuando se quiso beneficiar con el 2×1 a los represores.
Ahora, hay una cuestión que me hace ruido, me duele mucho y que es que esta expresión política que en ningún momento ocultó ser negacionista, ese tema no haya sido un valladar para que la gente lo apoyara electoralmente. Eso me indica que en memoria nunca hay nada ganado definitivamente y que hay que seguir trabajando en este proceso.

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