26 junio, 2022

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Una mesa servida para pocos

Una mesa servida para pocos

Por Hugo Elías | 

En una inexplicable reiteración de un método fallido, el gobierno citó a la CGT y a la UIA para resolver la carencia relacional entre los aumentos de los precios con la insuficiente entrada salarial en los hogares argentinos. Sean estos formales, informales, jubilados, privados o públicos.

Son una minoría los trabajadores que alcanzan un sueldo que les permita llegar a fin de mes afrontando todos los gastos familiares. Comida, servicios, mantenimiento del hogar o alquiler, transporte, escolaridad, son imposibles de afrontar con salarios que en promedio no llegan a los 70000 pesos.

Es llamativa la escasa representación tanto empresaria como sindical e incluso gubernamental. ¿Por qué no había representación de las Pymes, de las CTA sindicales, de los movimientos sociales? Fue llamativa también la ausencia de la secretaría de comercio interior a cargo de Felletti, el odiado funcionario que multa a los oligarcas de los molinos harineros.

Es obvio que tanto el convite como los invitados pertenecen al plan con que el gobierno cree que va a superar la pobreza creciente de los trabajadores y bajar la inflación de los precios de los consumos familiares.

Es una estrategia de convencer al otro que acepte lo que hasta ahora no aceptó, me refiero a las patronales de la producción argentina. La conducta salvaje, preguerra en Ucrania, de la suba de precios de los productos de la canasta familiar de los grandes oligopolios concentrados en no mas de 20 empresas y una nueva y desafiante remarcación ante el anuncio presidencial de lanzar una “guerra” contra la inflación no dejan dudas sobre quiénes son los invitados a la mesa.

Tomar un café con los sindicalistas y el gobierno para anticipar paritarias es lo que ellos proponen, no lo que quiere la enorme mayoría de los trabajadores. De qué le sirve un aumento dividido en tres cuotas sobre la base a partir de un 40% que ya quedó atrasado cuando se toma como un éxito repetir la inflación del 2021, y seguro que, guerra mediante, se superará ese índice.

Siempre la paritaria en estos momentos irá detrás de la inflación sin olvidar que los trabajadores vienen atrasados un 20% desde la inflación del 2019.

No es como dice muy seguro el ministro de trabajo que le ganamos a la inflación, cualquiera sabe que venimos abajo un 20% y si la inflación del 2021 fue del 50% redondeando y los salarios aumentaron 52% se recuperó un 2% del 20% que veníamos arrastrando. No se toma el 2020 por razones pandémicas que el ministro Moroni no gestionó. O sea, por los menos los trabajadores están un 18% debajo de los salarios del 2017.

Mientras los señores industriales cuentan aumentos de ganancias en 2021 desde el 142% hasta el 20 % los menos gananciosos, y argumentan aumentos de insumos locales y externos.

Las mentiras no pueden ser aceptadas, la voracidad capitalista de la UIA no tiene límites, y el gobierno pretende acordar con un sector que no le interesa acordar sino ganar siempre como sea.

La búsqueda del consenso siempre es buena pero nunca evitar el conflicto sacrificando la razón de los que menos tienen es lo indicado. Si beneficiar a las mayorías trae el conflicto, la discusión con los grandes productores, comercializadores y exportadores será necesario aclarar que esos sectores defienden sus intereses, aunque las grandes mayorías, 40%, esté por debajo de la línea de pobreza.

El gobierno ha dado sobradas muestras de diálogo y evitar el enfrentamiento, no ha tenido éxito, la inflación siguió disparada y los salarios quedan siempre atrás.

Aplicar retenciones móviles a las exportaciones para desacoplar los precios externos de los internos, el los cereales aceites y derivados. Lo propone Feletti como una política antiinflacionaria en serio que supere la de precios cuidados hacia medidas de fondo que en todo el mundo se toman como respuesta al aumento producto de la guerra.

“No hay que tener miedo de enfrentar a ciertos intereses” dijo el gobernador Kicillof asumiéndose como un interesado central en cuidar la alimentación de millones de bonaerenses. Cuando lo dice está mirando las amenazas de los sectores agrarios y al mismo tiempo le pone peronismo a su discurso.

Hay propuestas desde el Frente de Todos como implementar un Ingreso Básico Universal, como un salario mínimo de $100000 para los trabajadores públicos y del ámbito privado, a un aumento de suma fija por sobre las paritarias que ayude a los salarios mas bajos y que impacten menos en los más altos.

Son propuestas que no serán aceptadas de entrada por los grandes empresarios acostumbrados a poner ellos las políticas de ingreso, muchas veces ayudados por políticos y gremialistas preocupados en su permanencia sin mirar para abajo.

Pero hoy no queda margen para los buenos modales y las mesas chicas donde salen todos de acuerdo. Un 37,7% de pobreza sigue siendo un escándalo cuando vemos que la desocupación bajó al 7%, es claro que hay más trabajo, pero con sueldos miserables. El salario promedio en el último trimestre de 2021 fue de $ 57000.

Esos son los salarios que los grandes empresarios defienden y con paritarias a la baja mientras la inflación ha llegado al techo imposible de alcanzar de los mas pobres. Medidas de excepción para un período excepcional es lo que hace falta.

Desarmar la pinza de bajos salarios mas inflación que ahorca a las mayorías es la tarea desde ahora. Los impedimentos del programa acordado con el FMI no la impiden, es mas, dan 4 años de tiempo para encarar ese desafío. Mas aún si se recaudan fondos de los delincuentes evasores con la ley de los Senadores del Frente de Todos, ejemplo de lo que mas arriba Kicillof nos decía.

Está claro que en el gobierno no existe aún la decisión de dar la pelea que los poderes concentrados permanentemente le plantean.

Los resultados están a la vista. Tomar las propuestas de reparación inmediata de los ingresos y parar la inflación con firmeza sólo será con la ayuda de la presencia popular en las calles, movilizar, empujar, militar la unidad del Frente de Todos incorporando la presencia del conflicto inevitable.

No hacerlo, dirimir posiciones internas sin mirar las necesidades inmediatas de ese vergonzante 37,7% de pobres es olvidarse de para qué se gobierna, grave. Ese es el camino de la unidad donde nadie sobra.

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