04 diciembre, 2022

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#Crónica | Las voces que faltan afuera

#Crónica | Las voces que faltan afuera

Por Ayelén Bruno |

El Cactus fue invitado como medio local a conversar con los alumnos de 3º año del secundario que se encuentra dentro de la Unidad Penal Nº 39 de Ituzaingó: ¿Qué muestran los medios de comunicación sobre las personas privadas de la libertad? ¿Somos una sociedad que los reinserta o que los estigmatiza? Muchas preguntas y contradicciones, eso que nos hace periodistas todos los días.

Era un día lluvioso y nublado. Llegamos a la puerta de ingreso a la unidad penitenciaria, y ahí nos encontramos con Pablo, el profe de comunicación. Él dicta una materia mitad práctica y mitad teórica que tienen los internos, como parte del 3º año de la secundaria que funciona ahí adentro.

Pablo nos contó que, siempre que se puede, invitan a medios colectivos a visitar la clase y luego realizan un trabajo que les lleva el año entero: una revista hecha por los propios alumnos.

Cuando llegamos, en la puerta se veían algunas mujeres, una con su bebé en brazos. Los policías nos tomaron los documentos y nos hicieron pasar junto con el profe. Todo es inmenso y frío ahí adentro, como si parte de la ciudad quedara en una pausa… Abrieron y cerraron cada una de las rejas que separan las partes internas del penal. Las paredes de cada pabellón son altas y se escuchaba música de fondo. Pablo nos contó que era viernes de visitas, por eso la música y algunos ausentes en la clase.

Cuando entramos al pabellón que el penal brinda para que funcione la escuela, por la mañana primaria y por la tarde secundaria, ya era mediodía y había olor a comida.
Nos presentaron al director que se encarga del funcionamiento y entramos al aula de 3º. No recuerdo la cantidad exacta, pero eran alrededor de 15 personas sentadas en bancos, mirando al pizarrón. Les contamos la historia de El Cactus, cómo surgió y por qué: la resistencia a la época de restauración neoliberal más reciente y la necesidad de ser un medio que refleje las voces y las noticias de los barrios, esos que siempre quedan afuera de los “grandes medios”.

Luego de hablar un rato, les entregamos el número en papel que recién salía de la imprenta. Lo miraron y leyeron con sorpresa y atención. Surgieron preguntas sobre el funcionamiento y los tiempos que lleva hacer cada edición de diario en papel.

Había nervios, quizás desde el lugar de no saber con qué nos íbamos a encontrar, hay muchos prejuicios formados desde afuera, y entendimos que éramos una parte del “afuera” para ellos. Hasta que las preguntas empezaron a fluir… Creo que nunca se me hubiesen ocurrido las preguntas que nos hicieron. Hablamos de las fuentes, de las noticias que tratábamos, a quiénes incomodaban y a quiénes les damos voz.

Salimos al recreo, ellos no pidieron salir mientras estuvimos ahí, y lo tomamos como una muestra de interés al relato que estábamos contando. Cuando salimos al patio interno, muchos se prendieron un pucho. Nosotros fuimos a la sala donde algunos profesores y preceptores se reúnen. Nos contaron de sus clases y proyectos, de la falta de recursos y de los malabares que hacen para que estas personas se lleven algo.

Volvimos al aula y hablamos del “Cacha” Gambino, del fútbol del ascenso, de las barras, de las historias de los barrios, y de la esperanza de la reinserción, de la resiliencia.

Por ejemplo, Cristian es de Pontevedra, Rogelio de General Rodríguez, Emanuel de Merlo, y había moronenses, y matanceros también. Nos plantearon que ellos esperan que los medios de comunicación muestren “la realidad que viven ahí adentro” porque “hay cosas que no se ven, la vida es otra, es otro mundo”.

Nadie habló de sus condenas, sus delitos o por qué estaban ahí. Sus ojos irradiaban curiosidad. Nos contaron la importancia de terminar la escuela. Cristian, de 29 años, nos expresó que “significa mucho porque me saca del lugar de encierro”, y pensando en el mañana y en el afuera, quiere “estar capacitado para un trabajo”, para poder “disfrutar de la familia, trabajar y hacer las cosas bien”.

Rogelio de 65 años, dice que cuando cumpla su tiempo adentro, quiere trabajar, pero reconoce que “depende de la sociedad” ya que para las “personas con antecedentes, es muy difícil, es una lucha muy grande”. Quiere terminar el secundario para tener “las herramientas y ver si la sociedad nos da la oportunidad de adaptarnos”.

Antes de irnos, nos despedimos de 3º año. Nos agradecieron mucho, y nosotros les agradecimos a ellos. Esta experiencia nos planteó interrogantes y contradicciones, que a la hora de escribir una noticia no deja de atravesarnos.

¡Salimos con unas ganas de volver! Nos fuimos con la promesa de mandarles un nuevo número de El Cactus en papel, donde apareciera esta experiencia, que ojalá ellos hayan disfrutado y yo estoy segura de que no nos fuimos con las manos vacías, por el contrario, nos dieron tela para cortar, porque queremos informar en un futuro donde nadie quede a la intemperie.

*Nota publicada en El Cactus versión papel edición junio 2022

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