28 septiembre, 2022

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El amor social

El amor social

Por Hugo Elías |

El reciente intento de magnicidio, buscando la muerte de Cristina Fernández de Kirchner, expresa claramente el odio social que obtura cualquier desvío psicoanalítico hacia un asesinato provocado por experiencias personales y traumáticas del ejecutor fallido de la muerte de la Vicepresidenta.

La premeditación organizada por un grupo de neonazis saca cualquier hipótesis de desequilibrio emocional del agresor y su novia. Es el odio social. También, el amor de millones de argentinos en las calles de todo el país no es producto de experiencias individuales amorosas y satisfactorias. Ahí está el amor dirigido a una líder que expresa ideas, historias, programas y acciones, asumidas como propias colectivamente. Es el amor social.

Tanto uno como el otro, son construcciones históricas. La carretera del odio se remonta al derrocamiento de Perón en 1955, incluido el bombardeo de la aviación naval de la Plaza de Mayo, con el asesinato de 300 personas, niños inclusive, en una acción espeluznante nunca vista en el mundo sin una guerra declarada. Eso es odio. Ese camino de muertes sigue con la represión “Libertadora” con José León Suarez, persecuciones, cárcel sin juicios, hasta la prohibición de nombrar al líder y el robo del cadáver de Evita. Se inaugura un período de gobiernos semidemocráticos siempre amenazados por el golpe militar sangriento.

La historia argentina se complejiza al calor de los movimientos populares en América Latina, aparecen las organizaciones populares y se desgasta el militarismo. Luego, regresa Perón al país y al gobierno después del interregno de Cámpora. El peronismo y su marca popular distributiva disgusta al poder oligárquico y aprovechando la muerte del líder acecha al gobierno de Isabel Perón, la echan del gobierno y se instala la dictadura cívico-militar mas feroz y asesina de nuestra historia.

24 de marzo de 1976, el odio en su máxima expresión: 30000 desaparecidos, miles de presos, pobreza popular, miedo generalizado y vigilancia de la vida con promesa de muerte a cualquier protesta. El camino del odio pavimenta nuestra historia patria con miles de compatriotas asesinados. La culminación es la tragedia del manotazo dictatorial a las islas Malvinas donde aún en combate se encarnaba el odio, torturando a los soldados de 18 años.

El amor social se fogoneó al calor de la resistencia antidictatorial en sus diversas manifestaciones. El terror a la tortura y a la muerte selló inesperadas alianzas hacia conquistas sociales hundidas por la voracidad patronal. La unidad fue la consigna. La democracia con Alfonsín en el gobierno, con el Nunca Mas como estandarte popular que atravesó la sociedad generando conciencia que se fue profundizando con la lucha de las Madres, Abuelas, Hijos, Familares de desaparecidos hasta llegar a un consenso mayoritario que Nunca Mas la dictadura.

La llegada del gobierno de Néstor Kirchner levantando sin dudar las banderas de los DDHH, bajando los cuadros de los genocidas, irrumpiendo con la verdad y el amor a los caídos puso un antes y un después en nuestra historia. La recuperación económica y moral fue suficiente para aceitar los dispositivos antiperonistas olvidados, porque ni Menem ni De la Rúa cuestionaron el poder.

El odio nunca se fue, sólo se tomó un descanso, pero cuando el populacho con su juventud cambió el rumbo hacia sí mismo, se afilaron los cuchillos de los poderosos. Este es el derrotero de nuestra historia contemporánea donde destaca la permanente agresión a los reclamos de justicia social y al mismo tiempo borrar al peronismo.

Desde su asunción como Presidenta, en diciembre del 2007 hasta el 10 de diciembre de 2015, Cristina sufrió el ataque permanente de un fabuloso aparato mediático con denuncias falsas que eran amplificadas a través de Clarín, La Nación, Infobae, los canales de televisión sus repetidoras en todo el país y una enorme red digital de trolls que invadía con noticias falsas. El objetivo siempre, aún hoy, fue el mismo desaparecer del horizonte político al peronismo. No pudieron, pero ganaron las elecciones en 2015, redoblaron los intentos proscriptivos. Mientras, vaciaron las reservas nacionales que Cristina y su gobierno habían defendido.

El peronismo resistió, pero al país le robaron tanto que lo fundieron. Si la fuerza de choque antipopular fueron los medios de comunicación, la coraza defensiva fue un poder judicial corrupto desde la mínima corte hasta los sótanos nauseabundos de Comodoro Py. No es una exageración decir que allí, en la justicia federal, hay una sucursal del macrismo. Las pruebas sobran, la última fue el bochorno del juicio “Vialidad” donde a falta de pruebas inventaron la “convicción” de culpabilidad de los acusados cuando estos son inocentes hasta que se demuestre lo contrario.

El ataque llegó al sumun cuando quedó claro que el objetivo es condenar y proscribir a Cristina. El odio social en su máxima expresión, prohibir a la dirigente más importante del país, la que en su gobierno alcanzó niveles de recuperación social y económica nunca vistos. La respuesta fue espontánea, miles se turnaron para cuidar a su lideresa. Su casa fue un ícono de lucha callejera inorgánica pero amorosa. La táctica del odio patinaba ante la masividad del amor popular.

Como normal desarrollo histórico, surge la solución del asesinato como terminal de años de lucha hasta ahora infructuosa. El vale todo del macrismo en el gobierno arrasando garantías son la justificación lógica de cortar por lo sano, matarla. Nadie puede dudar que los asesinos contaron con un discurso social que avalaba el magnicidio desde el 45 a hoy. Los odiadores históricos saben de qué hablamos, todo su odio estaba centrado en Cristina.

¿Son enemigos o adversarios? ¿Democráticos o antidemocráticos?

Falsa contradicción, es sólo una aparente corrección política. Si un sector político, militar, judicial, económico y mediático te quiere hacer desaparecer de la escena nacional desde 1945 a hoy, es obvio que te declararon su enemigo. Los “adversarios” que no repudian a los asesinos crean un marco democrático nebuloso, oscuro.
Si te declaran su enemigo es por lo menos estúpido creer que son adversarios. Estúpidos es semejante, en este caso, a debilidad o peor, a traición.
Negociar sabiendo que en cualquier momento te traicionan, cuidar a los que siempre están, defender a rajatabla la convicción populista contra la voracidad oligárquica, el adversario te discute, el enemigo busca tu eliminación.

Los millones en la calle, las organizaciones sindicales, los movimientos sociales, los pequeños y medianos empresarios, los defensores de los DDHH, todos los colectivos que han alcanzado dignidad con Cristina, los militantes de los partidos del Frente de Todos, todos ellos son más, muchos más, que las encuestas truchas y las mentiras de la telebasura. Están ahí, no retroceden, no confunden al adversario con los que lo quieren pasar por arriba como ya lo han hecho, son un pueblo que lucha desde los jóvenes a los viejos, las mujeres y los varones, igualan dignidad con Cristina. Ellos no se confunden, son los constructores del amor social.

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