28 septiembre, 2022

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Otro país

Otro país

Por Hugo Elías | 

Con el atentado buscando la muerte de la vicepresidenta Cristina Kirchner se abre un nuevo proceso histórico. Estamos en un país diferente desde el 1 de Setiembre de 2022.

Argentina ya no es la misma. La palabra de odio antecede al crimen, milagrosamente falló el criminal, pero la alerta está presente. Solo los defensores del crimen niegan esta verdad.

La mentada importancia de la cantidad de argentinos que creen que fue un autoatentado se estrella con la realidad de que no exista ninguna encuesta que lo afirme en el país donde aparecen encuestas por cualquier cosa diariamente.

La construcción de semejante mentira sirve para apalancar el discurso derechista de las acusaciones a Cristina en la causa vialidad que son y serán destruidas una por una. Esa es una vía ya muerta.

Otra vía muerta es la adjudicación a un “loquito suelto” el magnicidio fallido. La investigación, a veces lenta, está demostrando la ampliación de la organización, de contactos de sus integrantes, relaciones políticas con Milei y Patricia Bullrich, incluso financiación posible del empresario macrista supermillonario Nicolás Caputto, amigo y socio de Mauricio Macri. Es preciso aclarar que hoy se está en los primeros pasos de la investigación.

Se dice, con razón, que no son un grupo avezado en el crimen, son violentos que al tomar la calle impunemente en distintos actos se autoevaluaron positivamente para el asesinato público.

Tal autopercepción proviene por un lado de la ausencia de la policía en la represión de actos violentos contra funcionarios, contra la casa Rosada, el Instituto Patria, vandalización de locales peronistas, etc., etc. Y por otro lado la aprobación de sectores políticos y mediáticos justificadores de violentas manifestaciones antidemocráticas y delictivas.

La sopa estaba lista, “nadie nos acusa”, “tenemos el apoyo de la derecha y los medios”, “pongamos los fideos”, “pasemos a la acción”, “matemos a Cristina”.

Las palabras de odio preceden al crimen de odio, al reemplazo de la política por la brutalidad de desaparecer al enemigo. La definición de enemigo no es literaria, trata de ser literal, con el enemigo no se dialoga, no se discute, se lo ubica fuera del espacio socio político, se lo borra, se lo mata si es necesario.

Hemos llegado a ese peligroso momento histórico donde un sector ve en la violencia anuladora del otro su camino político posible. El odio hacia el peronismo unifica a este, lo potencia junto a Cristina como eje central del reclamo popular y al mismo tiempo único capaz de resolver esas reivindicaciones. La mirada vergonzante de Juntos por el Cambio ante el atentado contra Cristina, repudios tibios rozando lo antidemocrático, muestran la inocultable simpatía por la necesidad de sacar de la escena al peronismo. Necesidad expresada desde hace años y hoy sin ningún ocultamiento a través de sus voceros mediáticos y políticos mas reaccionarios y cuasi golpistas.

Nadie se puede hacer el distraído cuando estuvo vociferando odio y desprecio a la mayor líder popular argentina ante el ataque buscando su muerte.

Hoy estamos en otro país, donde el terror se acercó al cuerpo político, buscando la disolución de los acuerdos democráticos para subsumirnos en una posible lucha fratricida. Tal destino se acercó en la bala que no salió.

La historia nos dio una oportunidad, la unidad social del amor patriótico, popular y democrático que el pueblo y el peronismo sepan construir convocando a todos los argentinos es el dique que anule cualquier aventura golpista.

Es central que nuestra dirigencia asuma la gravedad de la hora denunciando y desmontando cualquier intento desestabilizador de odiadores pregoneros de la muerte y de sus encubridores políticos y mediáticos.

Ante este nuevo país no caben las medias tintas ni los tibios, la patria está amenazada.

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