05 diciembre, 2022

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#HistoriasDelOeste | Las calles de Morón: Un mapa de la memoria

#HistoriasDelOeste | Las calles de Morón: Un mapa de la memoria

Por Mariela Canali | *

La ciudad es un gran espacio cultural construido por la comunidad, y en él las calles son una red de referencias y evocaciones que forman mapas de identidad.

Los nombres de las calles sirven para la localización, permiten ordenar la ciudad e identificar un lugar según un criterio sistemático y racional. Además, ejercen una orientación ideológica e identitaria sobre los ciudadanos. Cuando vinculamos ese espacio a un personaje ilustre, un suceso histórico, un valor intangible, o una realidad física, unimos un signo funcional a un significado simbólico.

En Buenos Aires, la necesidad de dar nombre a las calles surgió en el siglo XVIII, como una medida de control de la población y del contrabando por el puerto. En 1734 el gobernador Miguel de Salcedo propuso dividir la ciudad en varios cuarteles y dar nombre a cada uno y a las calles con el fin de establecer mejor el domicilio de los habitantes.

En el siglo XIX se impuso la costumbre de rotular las calles con referencias a la historia nacional. Las autoridades procuraron reforzar una nueva identidad ciudadana acorde a una concepción liberal y nacionalista. Las referencias confluyen a señalar actores y hechos que evocan una parte de la historia nacional de los últimos doscientos años, y la “construcción de la Nación Argentina”, a partir de 1880.

La primera nomenclatura general del partido de Morón fue la 866 del año 1940, y reproduce el modelo porteño: en su gran mayoría aquellos nombres aún se conservan. De un total de 730 calles del partido de Morón, un 8% de los nombres alude al proceso revolucionario de 1810 y a la guerra de independencia, esto incluye personajes militares y civiles, batallas y fechas: San Martín, Belgrano, Brown, 25 de mayo y 9 de Julio, Cabildo, Independencia, entre otros.

También se mencionan las victorias argentinas en las guerras del siglo XIX en Brasil y Paraguay: Acayuasa; Aroma; Caseros; Curupaytí; Río Piedras; Yatay. Los nombres de personajes políticos ocupan el 17% del nomenclador. Estos incluyen entre otros: presidentes argentinos y extranjeros tales como Santiago Derqui, Ibañez, y Alessandri; gobernadores de la provincia de Buenos Aires como Inocencio Arias o Juan Manuel Fresco; y a nivel local, jueces de paz (alcalde Rivas, Juez de la Gándara), intendentes (Agüero, José María Casullo, Grant), y concejales (Ramella, Coucheiro, Murias).

El 15 % del nomenclador está dedicado a figuras locales representantes de sectores propietarios y la élite política. Por ejemplo, en 1950 se establecieron los nombres de varios tradicionales comerciantes moronenses en nuevas calles en Castelar Sur y Morón Sur como: Manuel Passadore, Angel Giannatasio, Domingo Palmero.

Un importante número llevan nombres de civiles destacados en sus profesiones liberales: médicos (Carlos Bertagnolio, Jerónimo Fasola, Rodolfo Monte, Adolfo Grimblat), científicos, escritores (Santiago Dabove, Vicenta Castro Cambón), y artistas plásticos, son el 10% del total. También tiene un papel destacado la religión católica: el 3,5% de los nombres de calles refieren a figuras del santoral católico: obispos, Papas (hay mencionados dos papas, ambos vinculados directa o indirectamente con Morón: Juan XXIII y Juan Pablo II) y tres sacerdotes, párrocos reconocidos por la feligresía local (Padre Arrieta, Padre Vanini).

Dentro de las advocaciones marianas se destaca la de la patrona de Morón, Nuestra Señora del Buen Viaje, impuesto en 1949. En tanto sólo un 3% del nomenclador son nombres de mujeres. Encontramos algunas patriotas de la guerra de independencia: las llamadas “Damas Mendocinas”, como Dolores Prats, Laureana Ferrari, Mercedes Alvarez (casi todas se ubican en la localidad de El Palomar), y maestras moronenses de las primeras décadas del siglo XX, un homenaje que el Municipio hizo en 1949 para conmemorar el día del Maestro.

Algunos de estos nombres son Josefina de Marques, Isolina Polero de Pardo, Rocha Montarcé, Maestras Gachet.

¿Por qué cambian los nombres de las calles?

La nominación de calles es campo de disputa partidaria, institucional e historiográfica, producto de esfuerzos conscientes por parte de algunos grupos y agentes de poder en vistas a la construcción de la memoria histórica de una comunidad. Cada época, cada grupo gobernante, suele intentar imponer, en los nombres elegidos, su propia concepción de la historia.

En Morón, la primera ola de cambios en la nomenclatura se produjo a partir del golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930 contra el gobierno de Hipólito Yrigoyen. La sustitución más importante fue el nombre del partido, que pasó a llamarse “Seis de Septiembre”, designación que se replicó en una de las calles de Castelar. También se impusieron varios nombres de militares fallecidos ese día (Cadete Torino, Cadete Larguía, Capitán Rosales). Luego, tras la muerte del Gral. Uriburu, en 1932 se dio su nombre al Camino a Campo de Mayo (actual Avenida Juan Manuel de Rosas).

Una década más tarde, la gestión de Albistur Villegas (1948-1955) hizo una reivindicación al radicalismo depuesto por el mencionado golpe, disponiendo los nombres de líderes radicales moronenses como Ernesto Boatti y Eduardo Bonora, y del gobernador de la provincia Valentín Vergara. En 1950 la conmemoración del centenario de la muerte del General San Martín llevó a varios cambios más: en Castelar, la avenida La Plata pasó a llamarse “del Libertador”; la calle San Martín de Morón tomó el nombre de “General San Martín”, como así también la plaza principal de la ciudad.

El gobierno de facto local impuesto por el golpe de Estado de 1955, rápidamente procedió a reemplazar las denominaciones de Presidente Perón, General Perón y Eva Perón por los de República Oriental del Uruguay, Crucero La Argentina (actual avenida Eva Perón) y Córdoba respectivamente.

La guerra de Malvinas también llevó a rendir homenaje a través del nomenclador: la calle Inglaterra (Castelar) recibió el nombre de Islas Malvinas. Después del conflicto se sumaron varios nombres como Crucero Gral. Manuel Belgrano (1985), Héroes de Malvinas (1990), Conscripto Ibáñez (1992), Cabo Morando (1992), Héroes de Malvinas Argentinas (1993).

La nomenclatura de la ciudad es el homenaje más económico y más popular, y no es extraño que cada año se presenten varias iniciativas para cambiar el nombre de una calle proponiendo el de algún vecino ilustre ya fallecido, como si ésta fuera realmente la única distinción que la comunidad puede procurar para preservar la memoria.

Por otra parte, si bien la elección de todos los nombres está motivada por el homenaje y el recuerdo, a los habitantes a veces no les resulta evidente dicha motivación o ni siquiera piensan en ella. La cotidianidad del nomenclador acaba diluyendo la atención que justamente

pretende despertar, por eso su uso habitual y su permanencia provoca que su función práctica opaque a su función simbólica. Aunque se desconozca el significado del nombre de la calle en la que viven, para muchos vecinos y vecinas es la evocación nostálgica de su niñez, de su familia, de la identificación del nombre con el barrio recordado y la vida de sus calles: los juegos callejeros, el encuentro con amigos, el paso de los vendedores ambulantes, o los negocios frecuentados.


* Canali es profesora de historia e investigadora del Instituto y Archivo Histórico Municipal de Morón

**Nota publicada en El Cactus versión papel edición octubre 2022

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