
** Una simple anécdota reflejada por Mario Wainfeld en su libro “Kirchner, el tipo que supo” que deja al descubierto la impronta que tuvo Néstor Kirchner durante su tiempo como presidente. Splits para el verano, tarifas eléctricas y el consenso popular.
Esa rara cosa llamada economía política
La mirada particular del presidente
Néstor Kirchner usaba al interlocutor para medir lo que él mismo tenía en mente, como si pensara en voz alta, o mejor, como si estuviera poniendo a prueba sus propias ideas. No era tan diferente conversar con él on the record u off the record. Con o sin micrófono o grabador delante expresaba casi lo mismo. El off de ayer devenía on en cuestión de días o de semanas, frecuentemente.
Los diálogos (en los que se reservaba la parte del león) jamás eran protocolares: hablaba “de política”, buscaba convencer. Aparecía de sopetón en el despacho de su jefe de Gabinete Alberto Fernández, a sabiendas de que lo visitaba algún periodista. Y daba charla.
Podían darse otros formatos. Una vez, nos cruzamos en un pasillo de la Casa Rosada, cuando yo iba o venía de ver a alguien. Kirchner debía salir del Salón Blanco, de un acto. Saludó, reporteó al cronista. Le dio un cursillo de economía política aplicada en cinco minutos. Tenía un papelito astroso con varios números, que debía ser un ayuda memoria en tránsito al cesto.
“¿Sabés cuántos splits se vendieron en estos años?”
El cronista calló, por una combinación de ignorancia absoluta y lógica instrumental. Convenía esperar: el discurso estaba en camino.
“X millones”, se ufanó, y continuó con la interview socrática: “¿Cuántos habrán comprado los más ricos, los que ya tenían alguno, eh?”.
“Ponele la cuarta parte, porque ya tenían. ¿Y cuántos la clase media?”
El cronista, que había adquirido uno, se encogió de hombros. Todo aconsejaba escuchar y no tirarse lances.
“Ponele las dos cuartas partes, y exagero. Así que la cuarta parte la compraron los más pobres, los que ni soñaban con tener uno. Y ahora se refrescan en verano y se abrigan en invierno.” “Son X splits”, ponderó. “Multiplicalo por cuatro o cinco personas por familia.”
No anoté las cifras entonces, ni las recuerdo ahora. En todo caso, serán cientos de miles o algún millón de aparatos, multiplicados por cuatro o cinco usuarios.
Volvió el entrevistador: “¿Y cuánto paga de luz cada familia?”.
Ahí se animó el reporteado silente: “Poco, muy poco”.
“Una miseria.” Usó una expresión más enérgica, coloquial. “Así que los morochos ahora tienen el split, no pasan calor en verano… están mejor, viven mejor. Por eso andan por ahí un montón que me quieren rajar.”
El consumo inmediato, subsidiado, como base del consenso popular. El mercado interno, émbolo del modelo económico. La satisfacción de demandas como impulso de la autoestima. Un ejemplo jauretcheano de pura cepa, incluida la bronca de clase de los que también habían comprado split…
Quedaban flotando algunos puntos suspensivos, pero de eso se trataba.
** Wainfeld, M. (2017). Kirchner, el tipo que supo. Esa rara cosa llamada economía política (45-46). Editorial, Siglo XXI.
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