
Argentina se encontró con un equipo suizo que salió a disputar la posesión y el dominio del campo desde el primer minuto. Con intérpretes de mayor jerarquía que en partidos anteriores, el conjunto europeo hacía pensar que el trámite iba a ser cuesta arriba. Sin embargo, el vigente campeón del mundo logró golpear rápidamente y destrabar el encuentro.
En la primera incursión ofensiva, a los nueve minutos, llegaron dos córneres consecutivos y apareció Lionel Messi con toda su precisión. El envío desde la izquierda al primer vértice del área chica encontró a Alexis Mac Allister, que ganó de cabeza y colocó la pelota junto al palo izquierdo para marcar el 1 a 0.
Tras el gol, el desarrollo continuó con Suiza manejando la pelota. La ocasión más clara llegó cerca de la media hora, cuando Dan Ndoye quedó mano a mano con Emiliano “Dibu” Martínez, que respondió con una gran intervención utilizando las piernas antes de que el delantero pudiera definir. Más allá de esa acción, el dominio del equipo dirigido por Murat Yakin no logró traducirse en situaciones de verdadero peligro sobre el arco argentino.
Argentina mostró poca circulación en el mediocampo, habitualmente uno de los puntos fuertes del equipo de Lionel Scaloni, mientras que Suiza apostó gran parte de su juego por las bandas, especialmente sobre el sector defendido por Nahuel Molina, de muy buen partido. Sin embargo, el cierre del primer tiempo encontró al conjunto nacional con mayor control de la pelota y una imagen de solidez defensiva, suficiente para irse al descanso con la ventaja mínima.
En el complemento, Argentina salió decidida a disputar más la posesión de la pelota, buscando atacar a espaldas de los mediocampistas suizos y apoyándose en un Julián Álvarez activo e incisivo en la presión. Del otro lado, las principales cartas ofensivas de Suiza, Breel Embolo y Dan Ndoye, chocaban una y otra vez contra una sólida dupla central integrada por Cristian Romero y Lisandro Martínez, que parecía infranqueable en la tarde-noche de Kansas. Sin embargo, a los 22 minutos, una pared entre Ricardo Rodríguez y Ndoye terminó con la igualdad del conjunto europeo, justo cuando el equipo de Lionel Scaloni daba la sensación de haber entrado en una peligrosa tranquilidad.
Apenas tres minutos después llegó otra intervención decisiva del VAR en favor de Argentina, como había ocurrido frente a Egipto. A los 25 minutos, tras un cruce entre Embolo y Leandro Paredes, el árbitro portugués João Pinheiro fue llamado por una confusión de identidad. Luego de revisar la acción, le retiró la tarjeta amarilla a Paredes y expulsó al delantero suizo, que ya estaba amonestado, en una decisión que seguramente dará lugar a la polémica.
Tras la pausa de hidratación comenzó el último cuarto de hora del tiempo reglamentario. Con un hombre menos, Suiza se replegó cerca de su área y Argentina fue inclinando la cancha más por empuje que por claridad. Ya con Nicolás González y Lautaro Martínez acompañando a Julián Álvarez en ataque, el seleccionado nacional estuvo muy cerca de quedarse con la victoria: primero con otro cabezazo de Alexis Mac Allister y luego con un derechazo de Lionel Messi, a los 91 minutos, que pasó apenas junto al palo izquierdo. A esa altura, la superioridad numérica era evidente, pero no alcanzó para romper la igualdad y el partido se encaminó al tiempo suplementario.
El ingreso de Thiago Almada le dio a Argentina un poco más de verticalidad, posesión y dominio territorial desde el inicio del tiempo suplementario. Con paciencia y circulación, el equipo de Lionel Scaloni buscó el espacio para dar el golpe, consciente de que un solo acierto podía alcanzar para resolver la serie. Del otro lado, Suiza empezaba a sentir el desgaste físico tras otro partido de 120 minutos, luego del exigente cruce ante Colombia en los octavos de final.
Sin embargo, con el correr de los minutos la sensación fue que Argentina comenzó a apagarse. El equipo perdió claridad, precisión e ideas para construir la jugada que le permitiera desnivelar. Cuando el panorama parecía conducir inevitablemente a los penales, apareció el momento esperado.
A los 112 minutos, siete del segundo tiempo suplementario, llegó la acción decisiva. El “Flaco” Juan Manuel López aguantó la pelota en la izquierda y asistió a Julián Álvarez, que definió como en sus mejores tiempos en River y con la categoría que mostró en el Atlético de Madrid: un derechazo inatajable al ángulo para desatar el festejo argentino y sellar el pase a las semifinales.
El equipo lo necesitaba y, cuando parecía que el desenlace estaba cada vez más lejos, el cordobés de Calchín volvió a aparecer en una cita grande para meter a la Selección entre los cuatro mejores del mundo y tras cartón en un contragolpen entre Messi, Almada, apareció Lautaro Martínez para definir el 3 a 1 definitivo. Ahora Argentina afrontará su octavo partido en esta Copa del Mundo y tendrá por delante un desafío cargado de historia: Inglaterra, un rival lleno de connotaciones históricas.

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