28 septiembre, 2022

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#Malvinas40años | Reynaldo Arce: “En la guerra lloré de impotencia, no por miedo”

#Malvinas40años | Reynaldo Arce: “En la guerra lloré de impotencia, no por miedo”

Entrevista con el presidente del Centro de Veteranos de Guerra de Morón, Reynaldo Arce, al cumplirse cuatro décadas del inicio del conflicto bélico con Gran Bretaña. “Me interesa que quede plasmado en la memoria de las juventudes que Malvinas existe y la única manera es involucrarse”, aseguró.

Las sociedades irremediablemente cambian, afortunadamente la mayoría de las veces para bien. Hoy en Argentina la idea de que pibes de 18 y 19 años tengan que tomar armas y combatir en una guerra resulta insoportable. Mucho de ese cambio es gracias a la labor de los Veteranos de Guerra que combatieron en las islas y también lo hicieron en el continente contra la indiferencia. Muchos lamentablemente quedaron en el camino y tantos otros realizan una labor imprescindible. En la Casa Malvinas, nos recibió Reynaldo Arce, actual presidente del Centro de Veteranos de Guerra, para una vez más dar testimonio sobre lo vivido en todo este tiempo.

– ¿Cómo fueron esos días previos al comienzo de la guerra?

Estaba haciendo el servicio militar obligatorio en Ingeniero Maschwitz y un día llega la orden de volver al cuartel en Ciudadela, justo estaba Semana Santa, me acuerdo que fue un miércoles. Tuvimos que armar todo muy rápido, la carpa y el bolsón portaequipos. Había muchos rumores que íbamos a ir a Malvinas porque se iban a tomar las islas.

Al día siguiente nos pusieron en una cancha de fútbol a todos los clase 63, éramos 800 soldados. Entonces se acerca un Teniente Coronel y nos dice ´bueno, voy a nombrar a los soldados que van a cubrir el rol de combate de la clase 1962´. Fue una sorpresa porque fue la primera vez que escuchamos la palabra combate.

El sábado a la mañana avisan que pueden venir a visitarnos familia y amigos. La visita duró desde las 2 y media hasta las 6 de la tarde, muy raro. En ese momento le dije a mi papá ´hay mucho ruido porque parece que viajamos a Malvinas´ y me respondió: ´vos no podés viajar porque no juraste la Bandera´. Eso me quedó grabado para siempre.

– ¿Qué pasó cuando se fue la visita?

Después nos llevaron a misa y nos dieron un Rosario. Ya era otra historia, con los compañeros nos preguntábamos que pasaba pero nadie te decía nada. Llegó la hora de la cena fuimos al comedor y nos dijeron ¿che, quieren comer o no? Raro porque los militares si hacían la comida había que comerla si o si. Esa noche fue distinto, los que no comían, a dormir. Todo muy buenazo. Nos acostamos con el bolsón portaequipos porque lo teníamos armado. A las 11:30 nos despertaron, nos dieron el duvet (NdeR: campera militar) y nos llevaron a los camiones. Nos formaron y recién ahí dijeron que nuestra compañía había sido elegida para ir a Malvinas. No pude llamar a mi familia a decirle.

– ¿Cómo fue la preparación para la guerra?

Al momento de ir a Malvinas tuve una instrucción de 45 días. Fue todo muy acelerado, entrenamos combate nocturno, nos insistían que no pisemos con los talones por los francotiradores, cosas que nos llamaba mucho la atención. Por ejemplo, tiro había practicado solo dos veces con fal, nada más. Tuve que aprender a tirar en Malvinas con un compañero sanjuanino que el padre lo había llevado a cazar entonces sabía de armas. Me descubrieron y me estaquearon por eso porque supuestamente gastaba municiones.

– ¿Y la llegada a las islas?

El primer contacto con Malvinas obviamente fue muy frío. Bajamos del avión, nos dirigimos a Puerto Argentino y todo era una novedad. El momento más complicado fue primer bombardeo naval a la pista. Yo lo miraba de frente, nosotros éramos la defensa de artillería aérea y ese día estaba de guardia con una capa poncho puesta y ahí me di cuenta que estaba en una guerra. Lloré desde las 8 de la noche hasta el otro día hasta las 4 de la mañana, no podía parar. Era una congoja que tenía, no del miedo, pero si la impotencia  de no saber qué iba a pasar, pensar en la familia. Estuvimos 73 días en combate.

– ¿En qué momento empezás a vincularte formalmente con otros ex combatientes?

Yo no quería involucrarme con el tema Malvinas. Tenía una empresa y laburaba para correrme de la guerra. Un día estaba visitando a un cliente en Castelar y se me ocurre ir al Gorki Grana a visitar a los compañeros que se reunían ahí. Cuando llegó parecía que estaba en Malvinas: lloviznaba, frío, tétrico el Gorki, era la época de Roussellot. Había garitas y ahí estaban ellos. Cuando me reciben les pregunto ´¿qué hacen acá? y me responden ´bueno, estamos cuidando. Nos pusieron á hacer guardias´. Esa noche no dormí pensando en todo el contexto: trabajaban en una cooperativa fantasma, cobraban un sueldo denigrante. Ahí empecé a ver otra realidad de los compañeros y a militar fuertemente.

– ¿En todo este recorrido, qué lugar ocupa el Centro de Veteranos de Guerra de Morón?

El Centro es parte de esta historia porque lo armamos entre todos, yo creo en el trabajo en equipo y acá cada uno hizo su parte. Pudimos contener compañeros al 100% porque no nos olvidemos que nosotros durante mucho tiempo como soldados fuimos parias. Nuestro centro es muy particular, porque somos todos soldados. Me acuerdo cuando arrancamos, vino un militar que pedía que le cebemos mate. Cuando eso pasaba siempre cebaba el mismo compañero. Una tarde arrancó la ronda y el mate pasaba de largo al Militar. A la tercera vez lo miró y le dijo ´mirá que yo también tomo´ entonces este compañero lo insultó y le dijo ´andá a tu casa a tomar mate, acá no. No nos interesan los cuadros, acá los cuadros los tenemos para colgar en la pared. Ya nos boludearon bastante, acá somos un Centro de soldados conscriptos´. Nunca más vino.

Nosotros hacemos mucho hincapié que Malvinas no es solo el 2 de abril, a mi me interesa que quede plasmado en la memoria de las juventudes que sepan que Malvinas existe. La única manera es involucrarse y creo que nosotros hicimos un buen trabajo.

– A cuatro décadas de la guerra, ¿Dónde está la principal deuda?

Creo que sigue faltando una política de Estado clara, ya no por nosotros que somos parte de la historia. Lo que interesa actualmente es que los pibes y pibas sepan que hay un territorio a 1500 kilómetros que tiene un potencial económico que tenemos que recuperar. Y si no tenemos memoria eso se va a dilapidar.

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