07 febrero, 2023

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A 3 años del asesinato de Fernando Baez Sosa, ¿Qué debates nos damos?

A 3 años del asesinato de Fernando Baez Sosa, ¿Qué debates nos damos?

Por Ayelén Bruno |

El caso y los nombres los conocemos, los videos, las declaraciones, los abogados, los dichos, los golpes y todo. Están en el prime time de los portales de noticias, mientras el juicio lleva su tercera semana en los Tribunales de Dolores. Desde este medio queremos correr la discusión y justamente, discutir qué temas o debates abre este caso.

Se cumplen 3 años del asesinato de Fernando Baez Sosa en la puerta del boliche Le Brique en Villa Gesell, mientras vacacionaba con amigos. Como es de público conocimiento, una patota de entre 8 y 11 rugbiers le dieron una golpiza hasta matarlo, y en este momento se lleva adelante el juicio para determinar responsabilidades de 8 imputados.

En primer lugar, es necesario discutir el racismo en nuestro país. No deja de ser un crimen de odio a una otredad, en este caso, a una “identidad marrón”. Más allá de que Fernando haya tenido o no la conciencia de haberlo sido, quedó bien claro en los testimonios que, al pegarle, los rugbiers decían “negro villero” y “a este negro (…) me lo llevo de trofeo”.

Y acá no se juega un clasismo o diferencia de clase. Los atacantes no podían saber, sin conocer a Fernando, su clase social o pasar económico. Bastaba con ver el color de su piel, definir una otredad y atacar para eliminar: eso es racismo.

Pero, ¿De qué hablamos cuando hablamos de otredad en nuestra cultura? La otredad es eso que no queremos ser, lo que queremos eliminar, pero aprendido con la cultura y la sociedad, con las costumbres. No es una rivalidad “natural”, sino aceptada y esperada dentro de un grupo de pares. El del otro equipo, el que no piensa como yo, el que es distinto políticamente. Históricamente, fue lo que habilitó grandes masacres, ver a otro como inferior y a eliminar.

Otro tema a pensar es el de las juventudes. ¿Qué hacen las juventudes para divertirse? el consumo de alcohol y drogas hasta qué punto alteran la conciencia de una persona, que puede hasta matar a golpes a otra o hay otras aristas que no estamos viendo.

Qué están pensando nuestras juventudes es un tema no solo necesario, sino también urgente de debatir. Nos urge como sociedad, salir del adultocentrismo y mirar a nuestras juventudes. ¿Qué les pasa? ¿Qué hace para pertenecer a grupos de pares? Además, ¿qué hace el Estado por y para las juventudes? ¿Qué ofrece? ¿Qué enseña? ¿Qué daños se reducen? ¿Qué expectativas brinda?

Por último, hay un debate que toca al patriarcado y casi inevitablemente, la lucha feminista. Estos 8 pibes, son varones que actuaron como patota o “manada”, lo mismo que se dice cuándo entre varios varones violan a una piba. Hay un “desahogo” o algo que no se puede manejar, un tapar lo que hicieron: “no se cuenta nada a nadie” advierte uno de los acusados por mensaje de Whatsapp minutos después del asesinato. Y también hay una negación a reconocer lo malo en ese ataque.

El patriarcado nos enseñó de manera muy impalpable, que los varones no lloran, no hablan de sus sentimientos y no son sensibles. El resultado de eso es violencia. Aceptarse en un grupo de pares implica violencia, tanto en el deporte, en la escuela o en el club. Pertenecer a un grupo de varones es igual a esconder los sentimientos.

El feminismo lucha para que esos niños y jóvenes, futuros hombres, rompan con eso. Que puedan conocer y conectar con sus sentimientos y así, entender que no es necesaria la violencia como expresión única.

Hoy, puede ser una estrategia de abogados, pero los 8 imputados desconocen haber matado. Hay un “se nos fue la mano” implícito. El fino límite de golpear a alguien como una pelea, una diversión en el sufrimiento del otro, y matar.

Hoy como sociedad esperamos una condena ejemplar que aleccione a las juventudes que salen a bailar, que se mueven en grupos, que pelean. Pero, realmente ¿Las condenas son aleccionadoras de la sociedad o es la sociedad la que tiene que llevar un debate y un cambio profundo?

No puedo dejar de pensar en las condenas a los femicidas y aún sigue habiendo femicidios: 249 en todo el 2022, según el Observatorio Ahora Que Sí Nos Ven, o sea que cada 32hs un hombre mata a una mujer y no hay condena ejemplar que aleccione. Entonces quizás, el debate sea incómodo pero necesario. Dejar de lado el “que se pudran”o “que se mueran” dentro del sistema carcelario y realmente discutir qué nos pasa en las bases.

Por último, mi respeto desde mi lugar a esa familia destrozada que no dejamos de ver todos los días en los medios y mi deseo de que la justicia llegue, tarde pero justa. Pero sobre todo, el deseo de juventudes libres, felices y vivas, y para eso hay que hacer algo.

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